Reportaje | Empresas centenarias en Vilagarcía Luis García Reboredo, Julio Carrasco y Luis Manuel Acosta se atreven a contradecir el dicho extendido de que los nietos acaban por arruinar las empresas familiares
27 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Se atrevieron a contradecir la idea extendida de que el abuelo la crea, el hijo la consolida y el nieto la arruina. Tres empresas familiares de Vilagarcía superaron el reto de la tercera generación y siguen activas marcadas por el difícil equilibrio de conjugar la tradición con la supervivencia en un mercado cada vez más competitivo. En Vilagarcía son tres: las consignatarias García Reboredo y P&J Carrasco y la zapatería Acosta. El orgullo del apellido y el celo con el que conservan la tradición es su sello de identidad. En todas ellas se conjuga la decoración de época con las modernas estrategias para sobrevivir en el mercado. El espejo son sus oficinas, cargadas de fotografías de los antepasados y maquinaria de principios de siglo codeándose con los inevitables ordenadores de última generación. García Reboredo Hermanos es la más antigua. Al frente está hoy un hombre joven que lleva orgulloso el mismo nombre del antepasado que allá por 1823 -oficialmente la empresa se fundó en 1830- decidió dedicar su vida a los barcos y puso en marcha en Carril una de las primeras empresas especializadas en el transporte marítimo. «Entonces eran barcos de vela que llevaban salazón al sur y traían vino», explica su descendiente. «Sabían cuando partía el barco, pero nunca cuando volvía, porque navegaban a expensas de los vientos». El secreto del apellido El secreto para que el nombre de García Reboredo haya permanecido en las escrituras casi dos siglos puede ser cuestionado hoy, pero en aquellos años no había mujeres al frente de las empresas, así que no es de extrañar que en los estatutos se fijara que sólo los varones podían pertenecer a la sociedad, para preservar en el tiempo el apellido. Como en las casas reales. Y hasta la fecha funcionó, porque quien está hoy al frente de la firma es otro Luis García Reboredo con un hijo pequeño que garantiza la sexta generación. Pero en algo han cambiado los tiempos. Hoy en día esos estatutos exclusivos serían ilegales y como presidenta del consejo de administración figura María del Carmen Fontán de Blas, viuda de Ramón García Reboredo. El Concello de Carril Por aquel entonces Vilagarcía, ni existía. El puerto estaba en Carril, y la administración también. Unos cuantos años después de que los García Reboredo pusieran en marcha su negocio hizo lo propio Pío S. Carrasco Iglesia, hijo de un oficial de carabineros oriundo de Valladolid que se asentó en Carril y que llegó a formar parte de la corporación municipal. Fundó su empresa de corredores de buques en el edificio que hoy ocupa Casa Bóveda para exportar troncos de pino a las minas de Gales e importar productos como aceite, adoquines o tejas que se traían de Alicante. Además de la agencia de barcos tenía canteras de granito con las que se hacían adoquines que luego se llevaban por mar hasta Francia y Bélgica para construir carreteras. «Mi padre siempre decía que Hitler pudo tomar París por las buenas carreteras que se hicieron en Francia con nuestros adoquines», recuerda Julio Carrasco. En bandos distintos Tras la Guerra Civil la empresa quedó en manos de sus dos hijos, Pío y Dámaso Carrasco, que superaron el difícil trance de luchar en bandos distintos. Dámaso incluso estuvo en la cárcel por republicano y galleguista. Hoy, su hijo Julio explica con aplastante naturalidad la supervivencia de la empresa familiar por encima de tan dispares ideologías: «Mi padre, cuando salió de la cárcel, volvió a la empresa. Y en la oficina nunca se hablaba de política». Hoy la firma está en manos de sus herederos, los primos Pío y Julio Carrasco. En el secreto de la pervivencia más allá de la memoria coinciden unos y otros. «Creces en este ambiente, sin imposiciones, pero te va entrando; mi padre nos llevaba a los barcos con cuatro años», explica Julio Carrasco. «Es como en las ikastolas», sentencia Luis García Reboredo.