AREOSO | O |
17 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.NO ME CONSIDERO en absoluto patriota. Sobre todo porque hay algunas palabras que me infunden miedo, y entre ellas se encuentra precisamente «patria». Sin embargo, sí es cierto que siento apego por las tierras de las que procedo y por aquéllas en las que vivo. Les digo esto porque anteayer, por primera vez en mi vida, me sentí avergonzada de ser pontevedresa. Fue sólo un momento, después de escuchar las declaraciones del diputado electo por esta provincia, Carlos Mantilla, en las que mostraba ciertas reservas sobre el resultado de las elecciones. Ese malestar con mi origen pontevedrés me duró, ya les digo, sólo un instante, hasta que comprendí que las malas digestiones son un patrimonio personal y no territorial. Sin embargo, yo sí creo en la legitimidad de las urnas. Estoy firmemente convencida de que los electores saben en cada momento a quién deben elegir y qué grado de confianza deben darle. Y por ello no albergo ni la más mínima duda de que el señor Carlos Mantilla, que ha sido elegido para representarnos a todos los pontevedreses en el Congreso, sabrá cumplir dignamente el papel que le hemos encomendado. Es más, tengo la convicción moral de que así será.