La noche de la alegría tranquila

La Voz R.E. | VILAGARCÍA

AROUSA

ALEJANDRO RODRÍGUEZ

La sede del PSOE de Vilagarcía no se convirtió en una fiesta. La victoria electoral estaba empañada por el 11-M, y la celebración se quedó en una reunión de amigos

15 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?¡Por fin!». Ese era el santo y seña con el que entraban en la sede socialista de Vilagarcía los simpatizantes y militantes del partido de Zapatero. Los votantes del «cambio tranquilo» acudían en masa a la «casa del pueblo» -así se llama el local de los socialistas arousanos- para cercionarse de que los resultados que oían en la radio y que veían en el televisor no eran un espejismo. Y no lo eran. En los pasillos de la casa socialista los militantes se confesaban anonadados. «El otro día escuché a Zapatero diciendo que iba a ganar, que tenía la misma sensación que cuando se había presentado al Congreso. Allí tampoco nadie daba un duro por él y mira...». El hombre tranquilo se había convertido en una estrella rutilante saludada al grito de «presidente». El otro hombre tranquilo de la noche era Domingo Tabuyo. Entre baño y baño de besos, apretones de manos y abrazos, el único representante de O Salnés en el Congreso se refugiaba en una sala con los dirigentes socialistas de Vilagarcía. En esa sala se encontraba Alejandro Quintela, el coordinador de la campaña socialista, tan emocionado que que los ojos se le empañaban de lágrimas cuando menos se lo esperaba. «Trabajó mucho, y claro, ahora está feliz», explicaban sus compañeros de filas. La cara de Quintela, sin embargo, se animó al final de la noche, cuando junto con Tabuyo y Gago, salió del búnker en el que se habían refugiado y compartir la alegría de todos los militantes y simpatizantes que se habían acercado hasta la sede. Y es que la alegría era mucha, pero era extraña. Como contenida. Sin grandes aplausos ni aspavientos. Era la alegría tranquila que imponían las extrañas circunstancias que ha vivido este país desde el once de marzo. Esa celebración pausada se hizo extensiva a las sedes socialistas de la comarca. En O Grove, por ejemplo, el milagro de triplicar los votos de las elecciones municipales fue presenciado por muchos militantes y simpatizantes que engulleron unos bocadillos con unos refrescos. «Estábamos muy contentos, mucho. Pero ni era día de fiesta, ni estábamos con ganas de eso».