Unas 20.000 personas se manifestaron en Vilagarcía, y otros miles más secundaron los actos convocados en los otros municipios de la comarca La marcha vilagarciana estuvo presidida por una ejemplar unidad
12 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Las cifras son demasiado frías y extrañas cuando se habla de repugnancia. Y ayer fue la repugnancia la que hizo que miles de personas (20.000 según la policía local) saliesen a las calles de Vilagarcía. Lo hicieron para dar réplica, silenciosa y firme, a los terribles atentados que el jueves sembraron Madrid de muertos. La manifestación salió a las siete de la tarde de la plaza de Ravella. Allí, ante el ayuntamiento, las cifras dejaron de tener sentido: se volviese la vista hacia donde se volviese, sólo se alcanzaban a ver rostros, manos y pancartas. Cuando la gran marea se puso en marcha, encabezada por políticos de todo signo y de todo color, se pudo volver a comprobar que la magnitud de la tragedia se correspondía con la magnitud de la respuesta que los ciudadanos han decidido dar a los terroristas. Los ciudadanos, silenciosos, ajenos a las consignas, caminaron mostrando un respeto sin límites hacia las víctimas, que son de todos. Por eso no se gritaron consignas. Por eso, los comentarios sobre la autoría del crimen se realizaban en voz baja, sin pretensión de ser escuchados por oídos ajenos. Sólo las pancartas gritaban. «No al terrorismo, sí a la vida». «A violencia só xenera máis violencia». «No al terrorismo, no a la guerra». Junto con las pancartas, los lazos negros eran la única licencia expresiva que se permitieron los asistentes a esa manifestación. Lazos negros impresos sobre folios blancos y lazos negros en las solapas. Los primeros en salir de la plaza de Ravella intuían que tras ellos caminaba una gran cantidad de gente. Y esa sensación se incrementaba cuando, al pasar delante de las tiendas de electrodomésticos, las pantallas de televisión mostraban las calles de Madrid abarrotadas. Algunos, con la oreja puesta en la radio, avanzaban lo que estaba pasado en el resto del Estado. Incluido el comunicado en el que ETA se desvinculaba de los atentados del 11-M. La intuición de que la de ayer era una de las grandes manifestaciones de la historia de Vilagarcía se concretó al llegar a la plaza de Galicia. En varias ocasiones el periodista Eloy Magariños tuvo que dirigirse a la gente concentrada ante él para que hiciesen sitio. Cuando por fin comenzó a leer el comunicado con el que se iba a cerrar la protesta informó: «aínda hai xente saíndo da rotonda do Ramal». Se cumplían las expectativas de los más optimistas: Vilagarcía había sido cubierta por un manto de dignidad y de repulsa. Por una ciudadanía que, como decía el comunicado final, quería «defender o que o terrorismo quere destruir». Aún queda una prueba por delante. Las urnas, a donde hemos sido convocados para «participar e votar» para plantar cara, una vez más, «a quen únicamente pretende desestabilizar o que tanto nos custou construir». Tras la lectura del comunicado, 20.000 personas permanecieron en silencio, sin moverse. «Anque xa estamos, vamos a gardar tres minutos de riguroso silencio», dijo el encargado de leer el manifiesto. Y con el eco de sus palabras se impuso un silencio sepulcral, roto únicamente por los susurros que llegaban del fondo, de los lados de la plaza, allí donde todos los concentrados no habían logrado oír ni una palabra del manifiesto. Los aplausos marcaron el final del tiempo del silencio. Y los aplausos sonaron. Se extinguieron poco a poco, como si una ola muda se retirase de la plaza de Galicia. La manifestación había terminado, con los representantes de todos los partidos políticos subidos en la tarima montada en el centro de la plaza. Sólo cuando un agente de Protección Civil pidió que la plaza se desalojase, poco a poco y con cuidado, comenzó a moverse, otra vez, la gran marea de la dignidad.