La tensión estalla en Vilaxoán

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

La asamblea para analizar los destrozos en el pósito naufragó entre gritos y empujones Soto suspendió un encuentro que sólo sirvió para evidenciar la fractura social de la villa

05 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?ras algunos meses de calma, la tensión que se ha ido acumulando en torno a la cofradía de Vilaxoán ha rebrotado con fuerza esta semana. Ayer, una asamblea de socios convocada para analizar los destrozos que ha sufrido el edificio del pósito derivó en una sucesión de gritos, aspavientos, amenazas e insultos de tal magnitud que todo intento de diálogo nació condenado al fracaso. El ambiente estaba caldeado desde el principio. Antes de las siete y media de la tarde, alrededor del pósito se habían formado corrillos. Unos integrados por quienes apoyan al patrón mayor, su gestión al frente del pósito, y su confrontación con el Fogar do Pescador. Los otros se nutrían de quienes detestan tanto a Ramón Soto como a quienes lo respaldan. La peregrinación La tensión entre ambos grupos continuó dentro, en la cofradía. Antes de que la reunión pudiese dar comienzo, y ante la avalancha de asistentes, se propuso trasladar el debate al salón del Fogar do Pescador. Pero la puerta estaba cerrada. «Nós, na nosa casa, na casa dos socios da confraría, non temos chave, non nos deixan entrar», dijo el patrón mayor después, en la lonja, donde finalmente se inició la reunión. Hasta allí había decidido llevar el encuentro, desestimando los gritos de muchos de sus partidarios que lo instaban a «tirar abaixo» la puerta del Fogar. «Igual que fan eles, que tomaron o asalto a sociedade», gritaban. En la lonja, poco se pudo escuchar. El lamento de Soto sobre la imposibilidad de usar el Fogar dejó paso a la secretaria del pósito, que intentó hacer un repaso por los actos vandálicos que se han producido en las últimas semanas en el edificio del pósito. Todo se quedó en un intento. Bastó un par de menciones a las puertas rotas de los baños o a los orines vertidos en los pasillos para que estallase la algarabía. A partir de entonces sólo se escucharon gritos, insultos, acusaciones cruzadas. Y el acusador, en este caso el patrón mayor, se convirtió en el acusado de haber provocado todos los incidentes y de haber cometido alguno de los actos vandálicos que luego denunció. A empujones Todo intento por calmar los ánimos se vio ahogado por las voces que se levantaban al unísono. Y ante ese panorama, el patrón mayor decidió suspender la reunión. El grupo se fue disolviendo poco a poco, entre escaramuzas de última hora y ajustes de cuentas verbales. A un hombre lo sacaron a empujones de la sala. «Esto non ten arreglo», reflexionaba otro, apoyado en una columna.