Brutalidad

AROUSA

AREOSO | O |

05 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

A LA HORA de abordar esta columna en blanco suele ser habitual que recurra a alguna de las noticias que me llaman la atención de la lectura diaria del periódico. Bien podría darles mi parecer sobre el fraude de las botellas del agua, ya saben, ésa que venden como mineral y es sólo agua del grifo ¡qué fácil resulta que nos tomen el pelo! Podría hablarles de las elecciones que tanto nos ocupa a los periodistas y a los políticos, porque las campañas a veces parecen importar sólo a la prensa y los aparatos de partido más que al ciudadano de a pie. O de mis impresiones al mirar -porque los miro- los estrafalarios modelitos que muestran las pasarelas más chic del momento: ¿pero para quiénes los hacen? Pero todo esto pasa al plano más trivial cuando me acuerdo de mi desayuno con la Voz de Galicia de ayer sobre la mesa. Es verdad eso de que una imagen vale más de mil palabras. La foto de portada de un rebelde haitiano pisoteando literalmente a un simpatizante Aristide, moribundo y que luego sería quemado y lapidado en la calle, me estremece. La brutalidad y el sufrimiento no es cosa de un día. Está ahí siempre, aunque no salga en los periódicos. El problema es que, a veces, se nos olvida.