El palomar Ayer desembarcaron en el número 12 de la calle Rey Daviña los obreros encargados de desalojar los antiguos muebles de los viejos almacenes Simeón
26 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Hace unas semanas les anunciábamos el obituario y ayer fuimos testigos del funeral. La constructora pontevedresa que se encargará de construir viviendas en el antiguo edificio de los almacenes Simeón desembarcó en el inmueble para desalojar los antiguos y recios muebles que un día fueron testigos de una de las más importantes firmas de textil con presencia en Galicia y otras comunidades del Estado español. Todo un estriptís de la historia local. Viejos armarios y estanterías impensables hoy en una empresa moderna irán a parar a Dios sabe dónde, como el arpa de Bécquer olvidada en el ángulo oscuro del salón. Sobran los muebles de roble porque hay que dejar paso a las máquinas sin sentimientos ni nostalgia que se encargarán, dentro de unos días, de derribar lo que construyeron los años para crear una nueva etapa. El negocio de la vivienda, que todo lo puede, sustituirá a los rollos de tela con los que las niñas bien de Vilagarcía se confeccionaban los trajes de la puesta de largo; a las antiguas máquinas registradoras que nada sabían de tarjetas de crédito, a los calendarios de la década de la movida y a los billetes de lotería que se perdieron entre las hojas del dietario. No se descarta que en el bajo del inmueble se construyan unas galerías comerciales que conectarán con la plaza de Ravella. Solares diáfanos, acristalados y luminosos sustituirán a los antiguos almacenes. Como gesto de buena voluntad, se mantendrá la antigua fachada del edificio. Así lo indican las normas, que tan sólo permiten construir una nueva planta. La constructora deberá desmontar piedra por piedra el inmueble histórico para luego volver a colocarlas en su sitio. Como en esos decorados de cartón piedra que simulan pueblos del oeste, se mantiene el tipo, pero el alma de los viejos tiempos se fue ayer en un furgón con los carcomidos muebles.