Permiso para disentir

AROUSA

AREOSO | O |

23 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ALGUNAS de las protestas que se vivieron en Vilagarcía contra los depósitos de Ferrazo me dejaron un amargo recuerdo. Entre otras cosas, porque en una de esas protestas una fotógrafa de prensa y buena amiga fue atacada por un grupo de energúmenos que confundían el derecho a protestar con la algarabía y la bronca. Y es que animales los hay en todos lados: en todas las plataformas, en todos los partidos políticos y en todos los sectores y organizaciones profesionales. Para que vean que las ovejas negras las hay en todos lados, les cuento una anécdota. En enero del año 2000, en todos los ayuntamientos de la comarca se celebraron encierros en protesta contra los depósitos de Ferrazo. Sólo en uno de esos ayuntamientos hubo problemas y espectaculares imágenes de plataformeros saliendo en volandas. El desalojo fue ordenado por la autoridad municipal, que estaría en su derecho, no digo yo que no. Lo que me sorprende es la sorpresa de esa misma autoridad cuando los que estaban dentro del Concello se anclasen con uñas y dientes a la casa que se presupone de todos. El el portazo en la cara de la plataforma ha llegado a los juzgados de la misma mano que empujó la puerta. Y, la verdad, me parece un mal servicio para todos. La protesta es un derecho que este país se ha ganado a pulso. La no violencia es una obligación indiscutible. Y el diálogo es un ejercicio que se debe practicar todos los días con los que estamos de acuerdo y con los que no. Tensar la cuerda es malo. Y pretender que la gente pida permiso para disentir, afortunadamente, es estúpido.