Un héroe detrás de la barra

Antonio Garrido Viñas
Antonio Garrido VILAGARCÍA

AROUSA

Testigo directo | Un tirón frustrado Pedro, camarero del Pub Gael, cazó a la carrera a dos ladronzuelos que se habían apropiado del bolso de una joven en la noche del pasado martes

11 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?cababa Pedro de clavar de nuevo el dardo en el 18 triple, cuando Bárbara entró en el Gael. «¿Está mi amiga aquí? Es que me acaban de robar el bolso». «Fueron esos dos que pasaron corriendo», dijo Pedro, al tiempo que salía raudo del local. Tras él, sus compañeros de partida, Jesús y el menda. Pedro y Jesús optaron por la vía práctica, se lanzaron a la carrera para pillar a los dos espabilados, y el menda utilizó la pragmática. De-senfundó de móvil y llamó a Protección Civil, el único número que recordaba. Allí, muy amablemente eso sí, le recordaron que tirones y similares competen a la ventanilla de al lado, es decir a la Policía Local, de cuyo número tuvieron a bien informarme. La carrera Para entonces, Jesús ya había renunciado a la carrera (sí pesan los años a pesar de lo que digan), pero Pedro sí tenía al par de kinkis a su alcance. Entonces, los astutos ladronzuelos decidieron separarse, pero el camarero acertó con el que se llevaba el bolso. El menda, mientras tanto, conseguía conectar con la Policía Local y dar cuenta de la situación, por lo que decidió darse una carrerita por si había que echar una mano a Pedro. Pero no hizo falta. Poco después aparecía el camarero, transformado en héroe, y victorioso con el bolso en la mano. El ladronzuelo apenas había aguantado cien metros más y en la rotonda del Ramal se dio por vencido. Cuando regresábamos, ufanos y triunfantes, apareció la patrulla de la Policía Local. Se dio el coche una vuelta por los alrededores, pero no pudo localizar a los frustrados tironeros. Ya de vuelta en el Gael, y una vez comprobado que el único herido, aunque de carácter irreversible, era el bolso pudimos retomar la partida de dardos cuando llegó la amiga de Bárbara y las dos se fueron a hablar de sus cosas. La partida la ganó Pedro, por supuesto. Nunca debí jugármela al 16.