El primer día del futuro de A Illa

María Santalla VILAGARCÍA

AROUSA

A. R.

Reportaje | El municipio isleño inauguró ayer su primera casa consistorial en un acto al que acudió una nutrida representación de autoridades y vecinos de la localidad Tras siete años, el Concello de A Illa ya tiene casa. La inauguración ayer del nuevo consistorio es un acto que reviste una gran importancia simbólica para el joven municipio

16 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?l de ayer fue un gran día para A Illa. Ni tan siquiera la lluvia quiso perderse uno de los momentos más esperados desde que en enero de 1997 naciera este Concello. La inauguración de la primera casa consistorial del municipio merecía convertirse en una gran ocasión y la fecha del 16 de enero del 2004 quedará en el recuerdo de las gentes de la localidad, como ocurre con el 21 de noviembre de 1996 -día en el que se firmó el decreto de segregación- o el primer día de 1997. El alcalde Manuel Vázquez, acompañado por la corporación, ejerció como anfitrión de una amplia representación institucional encabezada por el conselleiro de Xustiza, Xesús Palmou, y el presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán. Junto a ellos, autoridades civiles y militares de la comarca y un nutrido grupo de vecinos del municipio de A Illa. Tras el protocolario descubrimiento de la placa conmemorativa y una multitudinaria visita por las flamantes instalaciones municipales, llegó el momento de la lectura de los discursos. Para hacerlo, un imponente escenario: el majestuoso salón de plenos del que dispone el nuevo concello, que registró, en esta ocasión, su primer lleno. El encargado de abrir las intervenciones fue el regidor de A Illa, Manuel Vázquez, quien resumió la importancia de esta jornada valiéndose de una cita de T. S. Eliot: «o pasado e o futuro, o que puido ser e o que foi, miran a un só fin, sempre presente». El alcalde aludió también a la unión como principal virtud del pueblo de A Illa, y recordó tres palabras que engloban buena parte de la historia del municipio: «luz, ponte e concello». Vázquez apeló a la cordialidad de las relaciones institucionales y terminó agradeciendo el apoyo prestado por las administraciones, la empresa constructora del edificio, el arquitecto Manuel Gallego, los trabajadores municipales y todos los vecinos de A Illa, a quienes agradeció la oportunidad de «poder dirixirme a vostedes como alcalde neste día tan importante para o Concello da Illa». Por su parte, el presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán, recordó el momento en el que, hace siete años, le correspondió hacer efectiva la comisión gestora de A Illa, encargada de dirigir el municipio hasta las primeras elecciones municipales. Reconoció que durante estos años se había vivido una situación difícil, pero «gracias á boa vontade podemos estar inaugurando hoxe este concello». El presidente de la Administración Provincial finalizó su intervención con un compromiso: «desde a Deputación non escatimarei ningún esforzo para seguir colaborando con este concello». Tras Louzán, el último en tomar la palabra fue el conselleiro de Xustiza, Xesús Palmou, quien recordó que «tiven a honra de propoñer o decreto de segregación» y después de firmar el convenio para la construcción de esta casa consistorial. Por ello, el acto de ayer constituyó para él «un motivo de especial satisfacción». Un acto que suponía «dotar a A Illa dun elemento físico fundamental para un concello que naceu hai sete anos por vontade dos seus habitantes». Y como en toda inauguración que se precie no pueden faltar unos buenos pinchos, tras los discursos llegó el momento más distendido de la mañana. En el segundo piso, la sala que servirá en adelante para la organización de reuniones y cursos, fue estrenada con un concurrido aperitivo. Un momento que ni siquiera la apretada agenda del conselleiro consiguió aplazar. Todos, autoridades y vecinos, compartieron estos minutos de conversación en torno a un ágape que a esas horas -cerca de las dos de la tarde- iba ya apeteciendo. Cerca ya de las tres de la tarde, se cerró este acto con el que se inauguraba el primer edificio público construido en A Illa desde que se segregó de Vilanova en el año 1997, un edificio, además, con un carácter marcadamente simbólico.