AREOSO | O |
02 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.CUANDO Bush se atragantó con una galletita salada hice chanza del asunto. El castigo ha llegado con el comienzo del año. Y la noche del primer día de enero, mientras veía un resumen del año en la televisión local, estuve a punto de morir asfixiada yo también por uno de esos diminutos enemigos de la seguridad mundial. El motivo de ese atragantamiento es casi peor que el atragantamiento mismo: una encuesta en las calles de Vilagarcía me escupía en la cara la certeza de que el discurso del gobierno amigo ya ha sido asumido por muchos como palabra de Dios. Que los ayuntamientos vayan bien no depende del talante y del proyecto de sus políticos. Depende, únicamente, de que éstos compartan el color de la camiseta con los responsables de otras administraciones mayores. Es decir. Que si los de arriba son rojos, los de abajo deberán ser rojos también. Y así, si los de arriba son azules, o rosados, o verdes... Si yo sentí que me ahogaba por culpa de la dichosa galleta, no puedo imaginar como se siente la Democracia ante ciudadanos que aceptan, como principio fundamental, el amiguismo a gran escala y el enchufismo institucional. Que Dios nos coja confesados.