AREOSO | O |
04 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.A LAS LECHUGAS les ha entrado un ataque de ego sin precedentes. La enfermedad debe de ser contagiosa, porque se ha extendido a los tomates y demás productos de la huerta. Ahora no hay quien les tosa. Y ahí los tienen, con la etiqueta disparada hacia el cielo y las raíces, como dios manda, bien ancladas en la tierra. Crece el precio de las lechugas y del tomate, sí, y la ensalada del mediodía se nos ha puesto por las nubes. Pero no es lo único que se ha rebelado para hacernos la vida un poco más cara. Ahí está la gasolina, que vacía un poco más nuestros bolsillos por aquello de financiar la sanidad pública, que hasta ahora pagaba algún benefactor desconocido. Y vienen más curvas económicas. Los concellos ya están preparándose para reajustar el recibo de la basura. A Sogama no le salen las cuentas, y los platos rotos de la empresa mixta los vamos a pagar todos. Sin mayor problema, vaya, ¡será por dinero! A los ciudadanos como usted el vil metal no les quita el sueño, porque el trabajo está más que bien pagado y las hipotecas no pesan. Ya lo decía el anuncio, hace tantos años: sólo pesan los kilos. Y ahora, con la lechuga imposible, no nos podemos ni poner a dieta.