Esos cerdos de dos piernas

SUSO LOUSA

AROUSA

AREOSO | O |

28 oct 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

BIEN por el Concello de O Grove. Ya va siendo hora de que alguien se decida a atajar de una santa vez la marranería, la incultura y la falta de educación que campan por sus respetos en nuestras calles y plazas. Les cuento. El domingo pasado disfrutaba en Vilagarcía de una mañana tranquila con mi hijo, en el parque Miguel Hernández. El chaval jugaba con sus amiguetes sin ser consciente de que la cochambre estaba a punto de cobrarse una nueva pieza en sus propias narices. Primero llegó el perro. Limpio, elegante, ataviado de collar rojo, moteado de blanco y negro, el chichi de su dueño. Con gran señorío, el chucho estiró las cuatro patas y obsequió a los niños con una micción larga y humeante, de varios palmos, en la misma arena en la que los pequeños brincaban. A continuación se dejó caer por allí el cerdo de dos piernas. Altivo, como su propio can. Un tipo fino y planchón, pero incapaz de controlar mínimamente a su mascota. Porque, no se lo pierdan, el fulano ni miró a su mejor amigo cuando éste decidió acompañar el orín con descargas más potentes. Sólo le faltó al señorito aplaudir el tamaño de los excrementos. A la letrina de cabeza con él.