Borobó y la belleza

La Voz

AROUSA

Crónica | Alejandro Allegue recuerda su relación con el periodista cesureño Ediciós do Castro acaba de publicar una recopilación de artículos como homenaje al recientemente fallecido Borobó. Este texto de Alejandro Allegue forma parte de la obra

27 oct 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

?quella luminosa mañana de 1935, la comitiva, presidida por Valle-Inclán, tomaba la simbólica Praza do Obradoiro. La multitudinaria manifestación, convocada por intelectuales de izquierdas, constituyó un impresionante acto de profesión republicana. Relevantes políticos gallegos precedieron a don Ramón en el uso de la palabra. Valle disertó sobre la historia, el arte y la política. Su erudito discurso fascinó y enardeció a los concentrados. Con tono enfático y admonitorio, concluyó: «Le recuerdo al Gobierno que yo también soy republicano. Proclamo, sin ambages, mi admiración por el movimiento anarquista. A la curia compostelana, desde aquí, desde su feudo, le reitero solemne mi condición de ateo irredento». Solemne y ... rotundo. Dicen que durante la intervención de Valle-Inclán se resquebrajaron los cimientos de los emblemáticos edificios que representaban a los poderes fácticos. ¿Hubo ruido de sables , aquella semana, en determinadas guarniciones gallegas? El mensaje del Manifiesto publicado -días antes de la concentración- era inequívoco: «El proletariado, al defender sus intereses particulares, defiende los de toda la humanidad». Existe, en el siglo XXI, algún catedrático del disparate que afirma -sin ruborizarse- que Valle-Inclán fue carlista hasta sus últimos días. (Ionesco, ante tamaña asnada, PROCESÓ a la Universidad). «La verdad es que Valle-Inclán fue carlista , pero CARLISTA de Carlos Marx (Ferrín dixit). Alarde anarquista Borobó, decepcionado y triste, abandonaba el complejo gubernamental de San Caetano. Los prebostes de la cultura gallega habían desestimado -una vez más- su primoroso proyecto para que Galicia honrara y reconociera, oficialmente, a Valle-Inclán. «Sólo les interesan Cela y Torrente Ballester», gritó indignado. Le recordé que los felipistas y el Gobierno tripartito tampoco habían hecho nada por el autor de Divinas Palabras . «Tendré que hacerme anarquista», ¿ironizó? ¡Todo un alarde diplomático! Cuánto deseé que culminara y asumiera aquella histórica declaración proferida por el Maestro en 1935. Vilanova , cuna de la ría Conocí a Borobó en el Pazo do Cuadrante, casa natal de Valle-Inclán, en Vilanova de Arousa. Utilizando como tribuna el patín de acceso al pazo, con proverbial templanza, glosaba la figura y la obra del mejor dramaturgo español del siglo XX. El auditorio estaba conformado por un nutrido grupo de profesores pertenecientes a prestigiosas Universidades europeas y americanas. «Vilanova fue el humus cultural en el que Valle-Inclán se configuró como hombre y como escritor. Aquí inicia y culmina los estudios de Enseñanza Primaria. También pasa buena parte de su adolescencia», terminó el orador. Quedé deslumbrado por el verbo amable y culto de aquel elegante cicerone. A continuación, los invitados entraron en el santuario valleinclaniano. Borobó -gratamente sorprendido por la presencia de un joven estudiante vilanovés- me invitó a pasar, al tiempo que me confiaba su carpeta y un ejemplar de Femeninas . Sustituí, con gran satisfacción, a Barros Pumariño. Recorrimos todas las estancias de la noble morada: la habitación donde naciera el genial escritor, la biblioteca, el salón, la lareira... Descendimos al jardín, entonces colmado de plantas exóticas. Borobó proseguía su brillante alocución: «Aquí, bajo esta milenaria y majestuosa magnolia, Valle-Inclán escribió -con tan sólo 11 años- su primera obra de teatro y dos relatos de aventuras. Encaramado a estas murallas -ataviado de soldado y blandiendo una espada de madera- atemorizaba a los vecinos que osaban pasar cerca de su castillo . «¡Soy el Cid!», proclamaba. El párroco de la villa -¡el mismo que le había bautizado!- sufrió las acometidas del pequeño Ramón, Tizona en mano. Aquel cura integrista vivía aterrorizado. ¿Anticlericalismo precoz en Valle-Inclán? «Para finalizar, les diré que en este rincón del Cuadrante corrigió Valle su primer libro, Femeninas , antes de ser editado en Pontevedra (1895)». Aproveché sus palabras para mostrar a los ilustres invitados el ejemplar de la mencionada obra. El olimpo valleinclaniano Al mediodía visitamos en András el Pazo da Rúa Nova, mansión de los antepasados de Valle. Nuestro insigne guía recreó algunos pasajes, reflejados en las obras del escritor, que tuvieron como singulares escenarios algunas parroquias vilanovesas. Después de aquella magistral representación teatral, ascendimos -caminando por senderos que yo conociera en mi infancia- hasta la cumbre del mítico Monte Lobeira, ¡el Olimpo Valleinclaniano! perteneciente al Concello de Vilanova de Arousa. Borobó, dirigiéndose a los valleinclanistas extranjeros, dijo: «van a contemplar la ría de Arousa, la ría más hermosa de la Tierra. Estoy convencido de que todos ustedes -tras extasiarse- amarán para siempre a Galicia». Una hora más tarde, reclamaba la presencia de un virtuoso gaitero vilanovés, y -a los sones del Himno del Antiguo Reino de Galicia- declamó las más bellas y entrañables páginas que Valle-Inclán escribió a la tierra que le vio nacer: «Atajábamos la tierra del Salnés, donde otro tiempo estuvo la casa de mis abuelos, y donde yo crecí desde zagal a mozo endrino... La tierra del Salnés estaba toda en mi conciencia por la gracia de la visión gozosa y teologal. Quedé cautivo, sellados los ojos por el sello de aquel valle hondísimo, quieto y verde, con llovizna y sol, que resumía en una comprensión cíclica todo mi conocimiento cronológico de la tierra del Salnés» ( La lámpara maravillosa ). Se sucedieron vítores y aclamaciones en honor de los dos vates arousanos. Brindamos con tinto espadeiro. (Ramón Cabanillas se sumaba, jubiloso, a aquel homenaje a Valle-Inclán). Fue en el verano de 1966. Desde entonces, admiro a Borobó. Admiro su bondad y su sabiduría. Me fascina su maravillosa y prolífica obra. Su fabulosa pluma hace verosímil la convivencia pacífica y solidaria entre mendigos, marqueses, bandoleros, militares de... carnaval, rameras, duquesas, sablistas, curas ¿homosexuales?, tahúres, polbeiras... Cuadros esperpénticos que descienden plácidamente por el río de la vida. «Jamás caerá sobre él el anatema de elitista. Borobó, con su talento, añade belleza a la belleza». Poesía e imperialismo El pasado enero visité a Borobó en su casa de A Fiada (Trebonzos). El excelso fabulador oteaba la ría desde su privilegiada solana. «Estoy viendo crecer el mar», exclamó. Yo pretendía que me relatase las altruistas hazañas de Pepa a Loba y las lujuriosas intenciones que la famosa salteadora de caminos tenía con el Señor de los siete Pazos, pero Borobó -con semblante serio- escribía ¿sus memorias? con parsimonia en unas cuartillas. Pasé varias horas en la biblioteca consultando su valioso archivo. Anocheció muy pronto. Cuando me disponía a abandonar su residencia, muy preocupado, me preguntó: «¿cuánto tiempo cree usted que tardarán los yanquis en instalar un Guantánamo en Galicia?» Pude decirle que la invasión se producirá por A Coruña, donde el otro Franquito -tocado con un panamá- comandará el ejército de cipayos oficialistas agitando la bandera de las barras y estrellas y entonando -en inglés, por supuesto- el himno yanqui. Son los mismos que no conocen la letra de nuestro poético y glorioso Himno Gallego. Decidí, sin embargo, reiterarle mis felicitaciones por los múltiples reconocimientos a su impar labor periodística y compartir su presente áureo y vitalista. Alexandre Allegue es promotor de la Fundación y el Ateneo Valle-Inclán.