Entrevista | Xosé Fortes, historiador «En la primera corporación democrática, conseguí un aval para dedicarlo a casa de cultura. Rivas no se animó porque alguien dijo que querían reservarlo para la Menéndez Pelayo»
13 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El historiador Xosé Fortes estuvo a punto de comprar en los años 80 el Palacete de las Mendoza, junto a tres amigos, para vivir en el noble edificio. Entonces, un adinerado contrabandista codiciaba este Sesmeros de ensueño, ejemplo de la fina cantería pontevedresa. Ayer, en Radio Voz, habló del singular inmueble. -¿Qué existía antes del Palacete? -Estaban las Torres Arzobispales, que se derribaron a finales del XIX, y se vendieron en pública subasta. Dieron 40.000 carros de piedra, cifra que da idea del volumen. Con ellos se pavimentó media Pontevedra. El resto se empleó para la construcción. -Y luego... -Luego, el solar se vendió y lo compró nada menos que Francisco Antonio Riestra. Y, entonces, cuando se quiso hacer la calle de acceso a Santa María, se expropió a Riestra, quien se quedó con la propiedad de los solares situados entre el borde de la muralla, que aún se ve allí, y la avenida de Santa María. -¿Y qué sucedió con ellos? -El primero de esos solares que se edificó fue el del Palacete de las Mendoza, que lo compró la familia Méndez Núñez. Allí edificaron este Palacete, con proyecto de Sesmeros, que era el arquitecto municipal. Creo que es de 1878. Las últimas propietarias fueron las Mendoza. Cuando yo estudiaba Bachillerato, se llamó siempre el Palacete de Méndez Núñez o Palacete de las Mendoza. -Y llegó el abandono... -Quedó abandonado y, cuando en 1979 llegué al Ayuntamiento en la primera corporación democrática, lo primero que hice fue conseguir un derecho de compra o un aval, que entonces eran 40 millones de pesetas, para dedicarlo a biblioteca y casa de cultura municipal. Llevé allí al alcalde Rivas y no se animó porque creo que fue Sancho Rof o alguien de Madrid quien le dijo que querían dedicarlo a sede de la Menéndez Pelayo. No fraguó aquello y terminó siendo una sede bancaria. -¡Qué paradoja, verdad! -Sí, la historia es muy larga. Es tan larga como que estuve a punto de comprarlo yo personalmente. Al ver que el Ayuntamiento no lo compraba, tres amigos y yo estuvimos intentando adquirirlo para restaurarlo, tal como estaba, y vivirlo. -¿Y vivirlo? -Sí. Hombre, cuando dijeron que iba para la Menéndez Pelayo, nos pareció bien ya que era para una institución educativa. Pero, antes de eso, hubo la posibilidad de que fuera para un nuevo rico contrabandista. -Eso daría mucha pena... -Claro. Incluso da pena que sea una entidad bancaria. El dinero hay que arrinconarlo donde hay que arrinconarlo. La vida es otra historia. A mí me parece mucho mejor el Patronato de Turismo, una biblioteca pública, un acto cultural... Sobre todo con ese jardín que tiene y que complementa los actos y la estancia allí. Realmente, es una maravilla de edificio.