Un horno sobre cuatro ruedas

Bea Costa
B. Costa VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

En directo | Caravanas kilométricas entre Vilagarcía y Cambados Las obras en la C-550 eran en O Rial, pero las colas llegaron a Vilagarcía y a Caleiro. Los operarios sudaron la gota gorda y lo conductores, también

11 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

En O Rial ya hubo obras el mes pasado. Ayer otra vez. En esta ocasión para echar una nueva capa asfáltica en la rotonda que comunicará la C-550 y la vía rápida do Salnés. Las obras en la carretera son ingratas de por sí, pero en agosto y con treinta grados lo son más. Los que tenían aire acondicionado en el coche lo soportaron mejor pero de lo que no se pudieron librar fue de la espera. Al mediodía, la caravana se extendía desde O Rial al cruce del puerto, y desde O Rial hasta el cruce de Caleiro, dependiendo de qué carril estuviera cerrado en ese momento. ¿Qué ocurre? Al volante la incógnita era ¿a qué se debe semejante atasco? La densidad de tráfico creció mucho estos días pero no tanto como para colapsar la carretera hasta el punto de no moverse ni un metro. Una de dos: un accidente u obras, y se cumplió el vaticinio menos trágico. La sorpresa surgió al comprobar que las máquinas volvían a estar en la rotonda de O Rial ¿pero no la habían acabado ya? se preguntaba un conductor desde el arcén escapando del horno de su coche. Lo que ocurre es que la nueva vía está ya en la fase de los últimos retoques y eso incluye poner el firme en condiciones. Quedar, desde luego, queda bien ¿pero es necesario dejarlo para el mes de agosto a la hora de la playa, cuando la calzada está saturada? Los trabajos pararon a la hora de comer, y las caravanas desaparecieron. Pero a las cinco ya estaban los obreros manos a la obra y la historia se volvió a repetir. A las seis y media de la tarde la cola llegaba a la calle Doctor Tourón, en plena ciudad. Buscando atajos Los más enterados se desviaron por las corredoiras para evitar el atasco pero la mayoría, bien porque no sabían bien porque no les quedaba más remedio, tuvo que soportar estoicamente la visión de un maletero hasta que les tocó el turno de circular. Eso sí en segunda y con el pie sobre el freno.