AREOSO | O |
29 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL CRISTAL verde con el que estos últimos días estaba mirando el mundo se me ha caído en el retrete. La semana de terapia de playa y pimientos de padrón se ha ido a la mierda justo cuando empezaba a convencerme de que el mundo no está tan loco como en los últimos meses ha demostrado. Sumida andaba yo en una agradable placidez de espíritu cuando me encuentro en el periódico con que buena parte de las cofradías afectadas por el Prestige han ido raudas a interceder por Ángel del Real, Fernández de Mesa y López-Sors. Que no hay razones para querellarse contra ellos, hombre. Que los pobres no tuvieron culpa de nada de lo que ha pasado en Galicia. Que ellos, la encarnación del Estado, no tienen ninguna responsabilidad en lo que ha ocurrido. Que la fatalidad es así, y no hay que buscar culpables, sino soluciones. Y que ya está bien de marear la perdiz, cuando todos sabemos que el Gobierno nos va a arreglar la vida con el Plan Galicia. Y ya se sabe, las cofradías que se quedan al margen de esta operación de bajada de pantalones son las que hacen política. Son judíos y masones que quieren acabar con este país. De vuelta en el cinismo, no me queda más que cantar. Aquello de «adiós, mi corazón, que te den, que te den por ahí».