El palomar Los calores del verano nos traen ropas con poca tela, helados, largas horas de playa, vacaciones y, como no, las verbenas en toda fiesta parroquial que se precie
25 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Las verbenas son para el verano. Como las bicicletas, los helados, la playa, los pareos y tantas otras cosas que vuelven año tras año en cuando llegan los calores. La primera a la que he ido este año fue la que organizaron en Bamio con motivo de la fiesta de San Xoán. Miren, cachadas no había y el chiringuito de las sardinas y las empanadas se quedó seco a las diez de la noche, pero la verbena animaba un rato largo. Los vecinos de Bamio así lo entendieron y se echaron a la pista sin pensarlo. Como la pareja de la foto, que no paró de bailar en toda la noche. Y de pasarlo bien. Miren como sonríen. Sin embargo, al cantante de la orquesta -perdonen que no recuerde el nombre- no le parecía que la gente estuviese respondiendo como él esperaba y no paraba de incitar a los vecinos, dando gritos y pidiendo que se menearan más. Más marcha, vaya. ¿Pero que más quería?, me preguntaba yo anonadada. Allí había buen ambiente para rato. Y tratándose de una verbena la gente hacía lo esperado: bailar. ¿O es que acaso esperaba que cantaran los coros y alzaran mecheros encendidos? Alguien debería haberle dicho que para eso tendría que haber fundado un grupo rock y cantar baladas de esas que nos gustan tanto a las chicas. La familia entre el público El chaval, que era muy majo, por cierto, quizás estaba un poco presionado. Debe ser que era de por allí cerca, porque durante la actuación comentó que entre el público se encontraban los padres del batería. Se entiende que querían agradar a los progenitores del chico. En la fiesta de San Xoán de Bamio hubo de todo. No se quedó la cosa en sardinas, empanada, orquesta y baile. No. Fíjense en el último modelo de bar patentado por estos vecinos. La foto no engaña. Un barril de madera, un coche familiar, de esos que tienen un maletero generoso, y uno puede llevarse el bar a cualquier parte. No es de extrañar que durante el largo rato que estuve disfrutando de la fiesta en esta parroquia de Vilagarcía el maletero de este turismo se abriera una y otra vez. Sedientos estaban. Además, el vino del coche-bar tenía pinta de ser de mejor calidad que el que se servía en la fiesta, que algo cabezón era. Una vez que la cosa en Bamio fue decayendo, muchos decidieron darse una vuelta por la cachada de Carril. Allí no había sardinas gratis, ni vino, ni verbena. Nada de nada. Pero, eso sí, había una hoguera del tamaño de un ninot valenciano. Y tanta llama parece que atrae a la gente. Puede decirse que se ha convertido en la cachada oficial de Vilagarcía, ya que allí había una enorme concentración de gente conocida. La verdad es que se estaba de maravilla. En la orilla del mar, con el fuego y, por encima, sabiendo que la hoguera era ilegal. Una gozada. Aunque la cachada de San Xoán más equilibrada fue la del barrio vilagarciano de las Pistas. Sardinas, pan, vino y orquesta todo en uno. Y gratis.