Con los ojos hechos fuego

Rosa Estévez
R. Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

En directo | La fiesta de las hogueras En la noche más corta del año, el fuego gana. En Carril, las llamas se alzaron sobre el mar e hipnotizaron a aquellos que acudieron a presenciar la combustión mágica

24 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Aunque el fuego fue el primer gran descubrimiento de la humanidad, las llamas siguen siendo un elemento hipnótico para los hombres. Sólo así se explica que la noche de San Xoán siga siendo la reina de todas las noches, pese a ser la más corta. El fuego hipnotiza y purifica. Lo dice la tradición, y en Arousa la tradición ha demostrado seguir muy viva. Sólo así se explica la gran multitud que el lunes por la noche se reunió en Carril para ver arder a la madre de todas las cachadas populares. Los cientos que miraban el fuego también hablaban. Entre otras cosas, del intento frustrado de la Policía Local por prohibir la combustión mágica de las ramas y los muebles viejos que, durante semanas, los vecinos habían colocado sobre la rampa varadero sobre la que, finalmente, ardieron. Como toda la vida. En Carril, los devotos del fuego se agolpaban en el paseo marítimo. Abajo, en la arena de la playa, un poco alejados del calor de la hoguera, una veintena de personas cenaba tranquilamente. Porque en San Xoán no puede faltar el fuego, pero tampoco las sardinas. Y por eso, sardinas hubo, gratis, en un establecimiento de Carril que abría sus puertas esa misma noche. En la terraza de ese bar un niño apuraba a sus padres. «¿Cando imos ver á outra fogueira?», les preguntaba con los ojos clavados en las brasas sobre las que el pescado azul se ponía en su punto. El rival Pero para fiesta de San Xoán, de Carril le ha salido una rival: las celebración que se realiza en O Piñeiriño. El populoso barrio lleva años viviendo por todo lo alto la noche de las hogueras. Y el 2003 no iba a ser una excepción. La música convivió con los juegos para los niños. Y los carritos con chucherías para todos con las ricas sardinas asadas impuestas por la tradición. Donde se vieron pocas sardinas fue, curiosamente, en el lugar en el que más debían abundar: Cambados. En las cachadas populares fueron pocos los que apostaron por cocinar el suculento pescado. Hay quien asegura que la coincidencia del San Xoán en lunes obligaba a degustar sardinas que no eran del día. Y ese era un precio que los cambadeses, con el paladar bien acostumbrado a los matices de la reina del cerco, parecían poco dispuestos a pagar. Si en Cambados la fiesta se concentró en la zona de Tragove, en O Grove la marabunta nocturna se dio cita en Porto Meloxo, donde se organizó una cuchipanda por todo lo alto. El concejal Francisco Fontán, vecino de esa zona, no quiso perderse el espectáculo. Fiesta en Meloxo La fiesta comenzó con la noche, cuando se comenzaron a cocinar sardinas y churrasco. A las doce, cuando los estómagos ya estaban saciados, se encendió la gran hoguera. Y a las doce y media, los mecos reunidos en Porto Meloxo conjuraron a las brujas y a los trasnos con una gran queimada. El jolgorio llegó hasta bien entrada la madrugada, amparado por la música que salía por los altavoces de un potente equipo de música. Pero si hay un lugar hermoso para ver arder una hoguera ese sitio es A Illa. Allí grupos de jóvenes se reparten por las playas buscando los mejores huecos para encender sus cachadas. Y año tras año, estos pequeños grupos se quedan hipnotizados mirando el fuego. En esta ocasión, los pequeños grupos convivieron con una gran tribu de la noche, reunida en O Carreirón. Y es que los tiempos cambian.