El palomar
23 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Un buen político vive permanentemente en campaña electoral. No se da un respiro. Y si no, que se lo pregunten a Bello Maneiro, el recién reelegido alcalde de Valga. Aunque la cita con las urnas ya ha pasado, la propaganda electoral de este veterano de la alcaldía sigue bien a la vista. Tanto, que ni los autores de la alfombra de flores que el domingo adornó las calles valguesas se atrevieron a tapar el mensaje de pintura blanca con el que Maneiro pidió confianza a sus vecinos. La gran amistad entre Javier Gago y José Cuiña no es nada nuevo. Los dos han demostrado, en más de una ocasión, que las siglas políticas, aunque se supongan antagónicas, no son un obstáculo para fraguar una buena camaradería. Ahora, cuando Cuiña se mantiene en la retaguardia de la política gallega, el alcalde de Vilagarcía ha querido demostrar que lo suyo con el de Lalín no era un amor de conveniencia. Y ahí los tienen a los dos, celebrando el Corpus por las calles de la capital arousana. Con los rostros serios. El de Gago, concentrado mirando el horizonte que ha soñado para Vilagarcía. Cuiña mirando al suelo, meditabundo. Y lo cierto es que, vistos los dos de perfil, sobresalta el parecido que existe entre ambos políticos. Será la casta. A cenar Ya se sabe que en Galicia todos los días son buenos para comer. Y el domingo no iba a ser menos. Los vecinos de Cordeiro se pusieron las botas degustando empanada de maíz. Un delicioso producto tradicional, elaborado a base de carne, berberechos y demás rellenos típicos de esta tierra. Hasta ahí todo normal. Pero si les digo que la empanada medía metros y metros, empezarán a ver lo curioso de este caso que les estoy contando. Me pregunto cómo habrá hecho el cocinero para cocer semejante monstruo del mundo de la panadería. Y me pregunto también cómo habrá logrado amasar tal cantidad de harina y agua. En fin, que la jornada en la cocina tuvo que ser de aupa. Eso sí. Seguro que la empanada duró un suspiro.