Los últimos de la esquina

AROUSA

CON GOTAS | O |

18 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HOY somos nueve mil menos. Mañana, quién sabe. Los gallegos desaparecemos poco a poco, año tras año, sin hacer demasiado ruido y sin que nadie ponga los medios para evitarlo. Es el momento de hablar de la nueva emigración, de la fuga de cerebros, de las escasas expectativas de promoción profesional, de los peores salarios de toda España, de las rentas familiares míseras, de las pensiones paupérrimas y aun así imprescindibles para malvivir, de la economía negra, de la precariedad que degrada al asalariado y convierte las relaciones laborales en una decimonónica versión de la esclavitud, de la falta de redistribución de la riqueza, de la miopía de los políticos y la Administración, del gusto por mirarse el ombligo y olvidar el vacío que se abre debajo, de la afición a dormir la siesta al borde del abismo, de llenarse la panza con pulpo y empanada mientras las neuronas se narcotizan a base de subvenciones. Es el momento de analizar el porqué del suicidio colectivo a largo plazo que supone la renuncia a la natalidad en Galicia. Ahora que Hacienda pasa la gorra conviene aclarar qué hace el fisco de especial por este país, tocado graciosamente por una comunidad autónoma. Tener un hijo sirve en Galicia para desgravar unos 420 euros, setenta mil pesetas. Cualquier estudio sobre la materia indica que durante su primer año de vida, un bebé se traduce económicamente en un gasto de 6.000 euros, un kilo de los de antes. A la vista de las cifras, sobran mayores comentarios. Cierto que algún arousano va naciendo, así que nos quedará el consuelo de aguantar hasta el final. Tal vez el último gallego se despida con un «Ata logho, meu». Triste bagaje.