ENTRE LÍNEAS
22 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.PONGAMOS que llega usted un día del trabajo. Cansado por una agotadora jornada en la oficina. Cuando se acerca a su domicilio, se percata de que algo huele raro. A quemado. En el portal, luces intermitentes, mucho jaleo, policías, bomberos y su mujer con la cara como un tizón y su hijo en brazos. Le cuentan que un cortocircuito en la lavadora ha hecho añicos toda su vida. Todos sus recuerdos. Mientras intenta asimilar el trago, se le acerca un bombero que parece ser el que manda, le pone delante de la cara una hoja rosa y le dice con ese tonito de esto-lo-veo-yo-a-diario «son cuatrocientos euros, ¿va a pagar en efectivo o con tarjeta?» Usted, claro está, ni se lo cree y no puede parar de pensar en qué diantres se gasta el dinero de nuestros impuestos la Administración si después tenemos que pagar de nuestro bolsillo los servicios básicos.