El equipo de Rubén Domínguez rozó el ridículo en el encuentro del pasado domingo ante el Helios Zorka, que supuso su cuarta derrota consecutiva en la competición
07 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?uatro derrotas consecutivas es un acontecimiento inédito en la trayectoria más reciente del Inelga Cefrico. Cuatro derrotas que han alejado al cuadro vilagarciano de cualquier opción de repetir presencia en la fase de ascenso y que terminarán con el conjunto de Rubén Domínguez en la clasificación más baja de las cinco últimas temporadas. El equipo, además, está roto. Al menos esa fue la impresión que dio en su última presencia en el pabellón de Fontecarmoa. Desangelado, sin saber qué hacer, y asistiendo impotente al baile que le propinaba el Helios Zorka. Sólo la actuación arbitral, malísima pero intrascendente cuando se pierde de esa forma, sirvió de parapeto para los jugadores y el técnico ante su afición. Falta de sintonía Lo cierto es que hace ya tiempo que se ha roto la sintonía entre el entrenador y una parte de la plantilla. Una sintonía que se mantenía, en parte, por los resultados pero que no ha resistido el más mínimo contratiempo. El equipo se ha convertido en una especie de banda desafinada -nunca se dejó claro quién debía ser el director en la pista- y ahora se pueden ver cosas como las del pasado domingo. Un ejemplo: con el partido ya en barrena, tres ataques consecutivos de los locales concluyeron con sus respectivos lanzamientos triples de los pivots. Con tres partidos por delante, y pensando ya en el futuro, las cosas tampoco están muy claras. La directiva, principal adalid del técnico, comienza a discutir la conveniencia de mantener a Rubén Domínguez al frente del timón. La solución para volver a ilusionar a los aficionados habría que buscarla, quizás, en la cantera, pero la presencia de jugadores júniors en la pista con el primer equipo es una quimera en los últimos años, producto de la política de anteponer los resultados a la promoción.Así las cosas, y con el borrón y cuenta nueva como decisión más factible, serán los responsables los que tengan que escoger la próxima fórmula. Con la del equipo hecho para jugar la fase de ascenso ya caducada, quizás sería el momento para volver a los orígenes. Resulta difícil de creer que un equipo hecho con gente de Vilagarcía y su comarca, a ser posible joven y con ilusión por el baloncesto, no sea capaz de mantener la categoría en una EBA como la de esta temporada. Y eso también podría tener como premio unas vacaciones en las Canarias.