Curiosos y biólogos se citaron ayer en la dársena pesquera para divisar al ejemplar de yubarta, una de las especies más raras en las costas europeas
15 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?na ballena en Marín. La noticia cayó como una bomba en los colectivos ecologistas de la costa gallega. El animal llegó el pasado jueves por la noche. Se paseó por el puerto delante de la cara sorprendida de todos los afortunados que la vieron y desapareció al llegar el alba. El viernes por la tarde regresó y los comentarios se multiplicaron en los corrillos marineros. Si sería un rorcual, si un calderón, si una candorca (orca en gallego)... Ayer volvió, esta vez más madrugadora y a las cuatro de la tarde se dio el aviso en la Coordinadora de Estudio de los Mamíferos Marinos (CEMMA). Uno de los biólogos del CEMMA manifestó su emoción por haber podido ver este ejemplar. «Se trata de una ballena yubarta, una especie muy rara y poco frecuente en España. Para un biólogo ver una yubarta es algo mejor que para un futbolista un gol de Ronaldo», apuntó eufórico.Biólogos, vecinos, marineros y niños compitieron unos con otros por adivinar dónde volvería a salir a la luz el extraño animal. «¡Por allí sopla!», un grito que hacía muchas décadas que no se oía en la ría -quizás en siglos- se volvió algo curiosamente frecuente en las últimas 48 horas. Por una vez en tres meses, el mar traía algo bueno a la costa. Sin problemas Los biólogos del CEMMA precisaron que se trata de un animal joven, de unos diez metros de largo. Está solo, sin heridas y con un comportamiento aparentemente normal. Se acerca a la línea de costa a una distancia mínima de dos metros. Protección Civil de Marín acompañó a los técnicos del CEMMA en el seguimiento del animal. La patrullera de la Guardia Civil del Mar y los funcionarios de la Autoridad Portuaria colaboraron en la vigilancia. No ha habido colisiones conocidas con los barcos pesqueros. Todo discurre con normalidad.Mientras, la ballena marinense se dedicó a sus quehaceres sin mayores preocupaciones, totalmente ajena al alboroto que su presencia causaba en tierra. Gira completa a lo largo de todas las dársenas del puerto marinense. Comida a mares de placton y otros pequeños peces, aprovechando la bonanza de tres meses sin pesca en el interior de la ría. Soplido por aquí o por allá, como jugando al gato y al ratón con los marinenses. Ayer no había otro comentario en el puerto. Ni lo habrá en varios días.