Las mariscadoras de Vilaxoán se toparon en su primera jornada con playas devastadas por un furtivismo voraz El mar de fondo dificultó el trabajo de las flotas de O Grove, que ayer volvía a faenar, y Cambados Un madrileño no daba crédito a lo que veía: «¿Cómo es posible que os tengais que enfrentar a estos vertidos?» ?uces y sombras en una jornada, la de ayer, que para las cofradías de O Grove y Vilaxoán supuso su primer contacto con la actividad tras el paréntesis forzado por el Prestige , y para Vilanova entrañó la constatación de que el transporte marítimo de hidrocarburos no constituye su principal foco de preocupación. Muy al contrario, la amenaza, triste y recurrente, que acecha a los bancos vilanoveses no circula a escasas millas de la costa. Está enclavada en el corazón de la ría, y cobra la forma de empresas y conserveras que, en palabras de una de las mariscadoras que sudaban para limpiar O Esteiro, «seguen a traballar como se aínda estivesen nos anos cuarenta». El resultado de todo ello es que, en lugar de dedicarse a rastrear los arenales en busca de almejas y berberechos, las mariscadoras de Vilanova se ven obligadas a retirar combustible de uno de los bancos más ricos de la zona. No en vano, O Esteiro representa para las mujeres el 30% de su producción anual. Una de las trabajadoras lo explica: «Aquí, o ser as mareas moi curtas, podemos traballar case todos os días do mes». La limpieza se prolonga Los capachos y los monos de limpieza reproducen en Vilanova escenas que hasta el momento se habían reservado a las zonas de la ría más castigadas por el Prestige , como los arenales de San Vicente do Mar o la isla de Sálvora. Las mariscadoras quieren evitar cualquier confusión, y dejar bien claro que esta situación nada tiene que ver con la marea negra. Sólo faltaría que el vertido industrial contribuyese a manchar ahora la imagen del marisco de las Rías Baixas. No hace ni dos semanas, Vilaxoán sufría el mismo problema, disparándose todas las alarmas. Sin embargo, resulta difícil sustraerse a una imagen que forma ya parte del colectivo imaginario de Galicia. Tanto es así, que un periodista madrileño, enviado a Arousa para sondear la vuelta al trabajo de las cofradías, bajaba ayer alarmado a la playa tras detectar la estela blanca de quienes recogían el fuel vertido, con toda seguridad, por una conservera del entorno. Enterado ya por los presentes del verdadero origen de la contaminación, el hombre no daba crédito a lo que escuchaba. «¿Cómo es posible que ahora os tengais que enfrentar a este tipo de vertidos?». En ningún momento lo dijo, pero en sus palabras se adivinaba una calificación para la escena: tercermundismo.Lo cierto es que la tarea es complicada, sólo los tractores pueden descender hasta la zona. «Esta semana aínda non poderemos rematar». Sorpresa en Vilaxoán La contaminación de O Esteiro duele en la cofradía de Vilanova. No es para menos. El fuel ha contaminado más de un kilómetro de costa, en una zona donde el movimiento de las mareas es muy limitado y, por tanto, el mar no ayudará a limpiar. Por contra, la suspensión de los elementos contaminantes, con las cortas pleamares, contribuye a esparcir un combustible vertido seguramente el pasado martes de madrugada. Tan desagradable como el fuel de O Esteiro resulta la sorpresa con la que se toparon ayer las mariscadoras de Vilaxoán. Si el día anterior las mujeres que faenaban en As Sinas lamentaban la escasez de almeja y berberecho, las trabajadoras vilaxoanesas se encontraron con que sus concesiones están poco menos que vacías. La causa más probable para ambos fenómenos tiene poco que ver con cuestiones de tipo natural. Las afectadas atribuyen la desaparición del producto al furtivismo, que campa por sus respetos desde diciembre.