El tramo de costa que transcurre entre Cedeira y Oia se ha dividido en once zonas, en las que se han fijado 77 puntos en los que deberán ser analizados los fondos marinos. La determinación de los lugares exactos en los que tendrán que sumergirse los buzcos se ha realizado «dando prioridade ás zonas productivas», según explicaba ayer el responsable del Instituto Galego de Formación en Acuicultura, Miguel Lastres. Además, se buscan zonas en las que la inmersión proporcione información sobre el estado de distintos tipos de fondos: arenosos, rocosos o de cascajos. En los puntos marcados sobre el mapa se produce la inmersión. Los buzos recorren unos 300 metros siguiendo un rumbo prefijado. Esa línea marcará la superficie a inspeccionar, que tiene un ancho de 200 metros. Cuatro inmersiones Para revisar cada uno de los puntos previstos es necseario realizar, por lo menos, cuatro inmersiones. Una cifra que se puede ver ampliada «se atopamos algo que chama a atención». En caso de que esto ocurra, se envía un dispositivo de emergencia, cámaras para registrar en vídeo la situación de los fondos, y se hace una inspección profunda, analizando el estado de sustratos inferiores a la capa superficial.Además de observar la presencia o ausencia de fuel, en las inmersiones se estudia también el estado de las aguas y de los seres vivos En estos momentos, son unos 40 los buceadores que participan en la actuación que coordina el Igafa. Armada, el grupo especial de la Guardia Civil, la Consellería de Pesca, la empresa CIS y Parques Nacionales son algunas de las instituciones que están participando en este programa de evaluación del estado de los fondos marinos tras la catástrofe del Prestige. Todos los buzos están coordinados desde la Escola de Mergullo de A Illa, un organismo en el que confían en rematar los exámenes sobre el terreno en un plazo de quince días. Hasta la fecha, los trabajos se han centrado en Cabo Udra, las islas de Ons y Sálvora y Cedeira, puntos en los que la inspección está más avanzada.