Desde la cofradía se realiza un seguimiento de las manchas. Ayer fue desde el aire
06 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.O Grove es un pueblo en una guerra que acaba de empezar. La primera batalla contra la marea negra se está ganando. Gracias a los bateeiros y las zodiacs, que salieron primero a alejar el fuel de la ría. Y ahora, gracias a los miles de voluntarios que asedian al chapapote que se ha refugiado entre las piedras de Con Negro y de la batería militar. La guerra se está ganando, pero se presenta larga. «Esto pode ir para moitos meses. A ver se polo menos continúa a tregua durante un tempo para que nos poidamos organizar mellor», explicaban ayer los integrantes del comité de coordinación que tiene su centro de operaciones en el edificio de la cofradía. Allí, una mesa saturada de ceniceros llenos de colillas y de vasos vacíos atestigua las largas horas de trabajo. Largas horas de debates, de propuestas, de trabajo organizativo que ha comenzado a dar sus frutos. Largas horas de las que salen muchas decisiones. Como la de explorar, desde todas las perspectivas, cómo ha quedado el campo de batalla tras el primer enfrentamiento con la marea negra. Todas las mañanas, los barcos salen a la boca de la ría para comprobar la retirada de las manchas. Ayer, el patrón mayor sobrevoló las Rías Baixas en un avión ultraligero. Desde el aire pudo comprobar que la amenaza está lejos, en Cabo Sigueiro. Hoy, varios buzos bajarán a los fondos de la ría para comprobar si hasta allí también llegó el fuel oil. Con Negro es uno de los los lugares a los que prestarán mayor atención. ¿Por qué?. Porque hasta allí el chapapote llegó con virulencia. Y porque allí la riqueza en percebes, en erizo, o oreja de mar espectacular. «Queremos saber se os fondos chegou algo, se están dañados ou non», explicaba ayer el biólogo Alberto de Coo, uno de los integrantes del comité de coordinación. Entre el cielo y los fondos marinos sigue el comité. Y los teléfonos sonando insistentemente. Llaman desde las playas, pidiendo más material y más bocadillos. También llaman desde la lonja para avisar de la llegada de nuevas mareas de voluntarios. Y de nuevos cargamentos de comida, de trajes, de herramientas. «Son moitas cousas ás que hai que atender», explicaba ayer Caneda. Tantas, que ayer a media tarde el cansancio se dejaba notar en muchas caras. «Esto é unha desgracia. Se aínda quedase aquí», decía anoche uno de los integranes del comité. Lo hacía al mismo tiempo que sus compañeros de responsabilidades exponían a Gaspar Llamazares, coordinador general de IU, todas sus quejas. Una lista que monopolizaba la gran espina clavada en el corazón de todos: la sordera con la que la administración respondió a su petición de medidas preventivas.