AREOSO
30 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Primero se habló de la pesada carga de las deudas arrastradas desde la época en que el balneario de la playa Compostela era regentado por la familia Orbáiz; después se dijo que los paladares -o los bolsillos, digo yo-, de la gente de Vilagarcía no estaban acostumbrados al tipo de cocina que se horneaba en los fogones de Paco Feixó. Más tarde se comentó que quizás los compromisos políticos del restaurador, primero como afiliado al BNG y más tarde como candidato a la alcaldía por el partido nacionalista, no beneficiasen al negocio. De todo se dijo y todo puede tener parte de culpa. Es verdad que Paco Feixó luchó mucho tiempo por mantener a flote el complejo, y lo prueba que todavía hoy, no participando más que de un uno por ciento de Placomsa, haya apechugado de nuevo para ponerse al frente de la concesión, aunque la decisión final la tengan los socios de la empresa. Sin dejar de tener en cuenta todas estas circunstancias, lo cierto es que las magníficas instalaciones municipales son como un barco que lleva años a la deriva, y quizás sea hora de que el responsable último, el Concello, tome cartas en el asunto.