En un nuevo velero del Acquarium partimos rumbo al océano para dejar allí a una tortuga Caretta Caretta, que se trasladaría después hasta el Caribe
20 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Presentaciones A las 11 horas nos encontramos en el muelle de O Grove para emprender rumbo. El Atlántico nos esperaba. El objetivo era devolver a una tortuga boba al mar e inaugurar el nuevo velero del Acquarium. Los dueños del barco, los miembros de CEMMA, jóvenes que participaban en un campamento de investigación mariña, o incluso el Jefe del Servicio del Mar de la Diputación de Pontevedra, estaban allí. En velero La embarcación es una nueva inversión del Acquarium Galicia. Ahora ya se podrán codear con los veleros en las regatas gallegas más importantes. Pero de momento todavía no se dará el caso, ya que lo que van a hacer con él es restaurarlo. Esto les llevará algo más de un mes. Pero sin duda, cambiará notablemente el aspecto de este velero construído en 1930 en Dinamarca, y comprado en una subasta tras haber pertenecido a un contrabandista. Hace una semana escasa que el barco llegó al pueblo meco desde Almería. La protagonista Steve Wonder fue la protagonista del viaje de ayer. Tiene seis años y es la tortuga que hace un año apareció en Porto do Son junto a otras treinta, pero que se recuperaron antes que ella. Ella presentaba daños en el pulmón y en un ojo. Desde entonces, los miembros de CEMMA la han estado cuidando. Su nombre técnico es Caretta Caretta. Tras pesarla y medirla para ver que todo está bien, el patrón enciende los motores del velero. Se buscan unas coordinadas concretas para lanzarla al mar. No vale cualquier época del año. Debería ser ahora para que pudiera cojer las corrientes marinas que la llevarían hasta el Caribe. Tardan de cinco a diez años en dar la vuelta completa. Mar adentro Una vez nos adentramos bien en el océano, ya era momento de devolver a Steve a su espacio natural. Con mucha alegría y a la vez tristeza, sus criadores se despideron de ella. Una vez pasado el trago, fue hora de volver a tierra. Nos quedaba algo más de 90 minutos. Pero no era problema. Sobre la mesa esperaban unas tortillas, empanada y choricillos.