De un año a esta parte, el día a día en Vilaxoán ha sido cualquier cosa menos sencillo. El verano del 2001 tuvo dos protagonistas claros; los dos concejales vilaxoaneses, Francisco Muñiz, del PSOE, y Ramiro González, del BNG. Ambos saltaron a la palestra a raíz liderar una operación para fusionar las dos asociaciones de vecinos existentes en Sobrán y situarse al frente de las mismas. El fracaso del intento se cobró la dimisión del edil nacionalista. El ambiente no estaba para demasiadas alegrías, pero más grave resultó el conflicto larvado que finalmente estalló en el seno de la cofradía. Las desavenencias entre el patrón mayor, Ramón Soto, y la agrupación de mariscadoras a punto estuvieron de partir el pósito en dos. Y, con él, a la sociedad vilaxoanesa en general. A todo ello se une una apatía indudable, que ha situado a una entidad histórica, como el Fogar do Pescador, a un paso de desaparecer.