Los argentinos Cristian y Canela, dos de los mejores patinadores del mundo, intentan salir adelante en Vilagarcía ¿Qué hacen dos patinadores que están en la elite mundial de la especialidad en Vilagarcía? No se lo explican ni ellos. Recién casados, contrajeron matrimonio hace apenas cuatro meses, cubrieron a la inversa el camino que los abuelos de Cristian (españoles ellos) hicieron hacia medio siglo. «Queríamos poder criar a nuestros hijos con tranquilidad», explica él. Su intención es ganarse la vida tal y como lo hacían en la añorada Buenos Aires, dando clases de patinaje artístico.
17 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Es difícil, en una localidad como Vilagarcía, tener el privilegio de compartir una tertulia con alguien que está al máximo nivel en su trabajo. El trabajo de Cristian y Canela, al menos hasta hace unos meses, era practicar y enseñar el patinaje artístico. Y eran buenos en lo suyo, lo suficientemente buenos como para acudir a un campeonato del mundo hace un par de años representando a Argentina (la tercera potencia mundial de la especialidad). A pesar de que la crisis que se vive en su país no les había afectado directamente -se ganaban bien la vida dando clases de patinaje en Buenos Aires- la ilusión del matrimonio recién estrenado aconsejaba una aventura en busca de algo mejor. La tierra prometida estaba en esta ocasión hacia el Este. Cristian y Canela desandaron el camino de sus antergos -los padres y los abuelos de él son españoles- y se embarcaron en busca de un mundo mejor huyendo de una situación insostenible (Canela vivió hace veinte años el secuestro de su hermano cuando caminaba de su mano). Así las cosas, y escapando de las grandes ciudades, recalaron en primer lugar en Cee, localidad de donde era una antigua alumna de Cristian. Desde allí a Vilagarcía, sólo un paso. Y aquí, ciudad que les ha maravillado, pretenden asentarse. Ella trabaja ahora sirviendo cañas en uno de los nuevos locales del Puerto Deportivo. Él intenta sacar adelante un proyecto deportivo, pero las dificultades son tan grandes como la ceguera (deportiva) de algunos.