Última hora
Zapatero pide un aplazamiento de su declaración por la «complejidad» del sumario

Un correcto «piscolabis» al lado del mar

La Voz

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

: UN BUEN DÍA. Después de unos días de permanente «calabobos», el sol salió ayer en los municipios de la comarca de Arousa. Y no sé a ustedes, pero a mi me sentó de maravilla recibir esos rayitos de primavera, que ya tenía de nuevo cara de invierno. También le debió gustar el cambio de tiempo a los chavales de Curtis que ayer visitaron Vilagarcía. Pasaron poco tiempo a cubierto, porque invirtieron buena parte de su tiempo en pasear por O Castriño y comer en la playa. Que envidia, ¿verdad?. Con un día como el de ayer, un bocadillo de tortilla (o de cualquier otra cosa) y un refresco a la «beira do mar» sabe a gloria y a manjar de Dioses. : LOS QUE NO ME DIERON ENVIDIA , pero que ninguna, eran los inspectores de Educación que ayer estaban en A Toxa. Imagínense la escena: todos ellos sentados en un salón de actos con la espectacular piscina del Hotel Louxo allí mismo, y el mar al otro lado de una valla blanca. Por mucho que el tema que tratasen fuese de gran importancia, como lo era ¿hablaban entre otras cosas de la Ley de Calidad de la Enseñanza y de la violencia escolar¿, seguro que más de uno deseba que llegase la hora del descanso para disfrutar un poco del paradisíaco lugar en el que han decidido reunirse este año. Y es que el café de las doce se lo tomaron al aire libre, en una carpa instalada en la parte trasera del hotel. Piscina al frente, mar al lado y zumo de naranja natural para todos. Todo un placer para los sentidos, por lo menos para mis sentidos. : POR A TOXA estuvo ayer el conselleiro Celso Currás, que tras leer el discurso inaugural se tomó un café con viejos amigos. Y es que el conselleiro presume de ser ex-inspector educativo, honor que comparte con Manuel López Besteiro y con Manuel Abeledo, presidente de la Diputación. José Antonio Fraga Boullosa, el delegado provincial de Educación, también se dejó ver por el hotel en el que se celebraba el congreso. Pero no precisamente por la sala de las ponencias: prefirió ver los toros desde la cafetería del Louxo.