La huelga de ambulancias afecta a un centenar de pacientes en la comarca

La Voz

AROUSA

Los profesionales arousanos emprenden hoy una movilización indefinida ante el silencio del Sergas El plazo se ha agotado sin que por el momento se haya dado un solo paso hacia la negociación. Los trabajadores de Ambulancias Mirazo y Ambulancias de Arousa se unen a partir de hoy a una huelga indefinida que cumple dos semanas en Pontevedra, protagonizada por Ambulancias de Galicia. A pesar de situarse en el punto de mira de las reivindicaciones, el Servicio Galego de Saúde mantiene su silencio oficial. Mientras, unos cien pacientes arousanos se quedarán sin vehículo.

06 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

S. G. VILAGARCÍA La huelga que hoy comienza dejará la comarca prácticamente desierta de ambulancias. Los servicios mínimos afectarán a los casos imprescindibles: accidentes y aquéllos en los que los pacientes estén incapacitados para utilizar el transporte público. Los demás se verán obligados a buscar soluciones por su cuenta y riesgo, a poco que puedan poner un pie en el suelo. De acuerdo con los propios profesionales del sector, la movilización removerá los hábitos del al menos un centenar de pacientes que acuden a diario a sus citas en ambulancia. Sobre todo, para realizar actividades de rehabilitación. La huelga tiene carácter indefinido. Y la mejor demostración de que realmente puede prolongarse está en Pontevedra: los trabajadores de Ambulancias de Galicia cumplen ya su segunda semana al pie del cañón. No obstante los operarios arousanos confían en que todas las partes implicadas se sienten cuanto antes a negociar una solución, empezando por el Servicio Galego de Saúde. No en vano, tanto patronal como sindicatos culpan al Sergas de impedir el cumplimiento del convenio estatal del sector, al establecer condiciones «míseras» en los conciertos con las empresas del ramo. Sin embargo, desde la Xunta nadie se ha pronunciado todavía sobre el conflicto. Los operarios exigen mejoras salariales y condiciones laborales dignas. La precariedad económica, dicen, obliga a las empresas a duplicar y triplicar los turnos de trabajo, que en ocasiones alcanzan las 40 horas.