A expensas de la beneficencia

La Voz

AROUSA

Las tres entidades que más ayudas prestan a los pobres de la comarca se ven sumidas en una crisis que pone en peligro su futuro Un centenar de ancianos con escasos recursos y que en su mayoría no pueden valerse por sí mismo dependen de los servicios del Asilo-Hospitalillo de Vilagarcía; familias de la comarca que no llegan a fin de mes y transeúntes que vagan por la ciudad sin un euro en el bolsillo subsisten gracias al comedor de Cáritas y al albergue de la Cruz Roja, en el que pernoctan unas dos mil personas cada año. Las tres instituciones que velan por las necesidades de los más desfavorecidos están en crisis y sobre su futuro planean demasiadas incógnitas. Los servicios sociales siguen a expensas de la beneficencia.

06 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

SUSANA LUAÑA VILAGARCÍA La situación económica del Asilo-Hospitalillo de Vilagarcía lleva demasiados años en números rojos, lo que obligó al patronato a tomar una decisión atrevida, aunque no exenta de polémica: recuperar los locales cedidos en precario a Cáritas Interparroquial de Arousa y a Cruz Roja de O Salnés para disponer de liquidez y mejorar las instalaciones. La iniciativa deja en difíciles circunstancias a las otras dos entidades. No es una historia de buenos y malos. Es sólo una historia de desamparados con un futuro siempre a expensas de la beneficencia. Y dentro de lo que cabe, los de Vilagarcía aún tenían un banco de tres patas en el que apoyarse: las de Cáritas y Cruz Roja para superar el difícil día y día y la del asilo para cobijarse en los últimos años de la vejez. Tres instituciones que viven ahora una de sus crisis más agudas a expensas, una vez más, del capricho de la limosna privada e institucional. El Asilo-Hospitalillo de Vilagarcía se fundó en 1897, unos años después de que doña Luisa Vilá, una rica viuda, dejase en su testamento la voluntad de que se crease un hogar para los desamparados dotado de doce camas, con una renta anual de 500 pesetas (3,01 euros). Desde esa fecha al día de hoy la institución tuvo que superar situaciones muy difíciles. En su historia más reciente destacan las vicisitudes sufridas a principios de la pasada década, cuando la Diputación de Pontevedra perdió sus competencias en la materia y dejó de enviar los casi seis millones de pesetas (36.060,73 euros) con los que subvencionaba el hogar. A partir de entonces la Xunta y otras instituciones, como el Concello, colaboraron en sus necesidades, pero el asilo arrastraba año tras año un déficit de siete millones.