Cuando la patria se viste de exilio

La Voz

AROUSA

La familia de Elpidio Villaverde guarda la memoria de la represión franquista y la lenta agonía económica y moral de Argentina «Tener mala memoria es un pésimo negocio». Quien lo dice es Francisco, el tercer hijo de Elpidio Villaverde, alcalde republicano de Vilagarcía entre 1931 y 1936, y diputado del Frente Popular en el momento del alzamiento fascista. Dentro de un par de semanas, Francisco, que visita a su hermana Rosina, retornará a una Argentina herida de muerte. El suyo es un destino marcado por el exilio. Primero, político y fulminante; lento, moral y económico, después. La epopeya de los Villaverde atesora los matices de un buen guión cinematográfico. Pero es crudamente real. La represión franquista, la huida de Francia ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la agonía de un país que «Perón hundió en la corrpución» viven en ellos. La memoria no se ha perdido.

02 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

SERXIO GONZÁLEZ VILAGARCÍA Ha pasado, dicen, mucho tiempo. Pero no el suficiente para que el recuerdo de lo sucedido se difumine. No, desde luego, para Francisco y Rosina, dos de los tres hijos de Elpidio Villaverde. La historia que sus palabras entrelazan a lo largo de una tarde invernal de café comienza en Vilagarcía en 1936. El 18 de julio de 1936. Elpidio Villaverde se ve obligado a dejar atrás a su familia y a huir del país pocos días después del alzamiento fascista abanderado por Franco. Las alternativas no dejaban lugar a la duda: el tiro cobarde en la cuneta o la prisión indefinida. Seis meses más tarde, el 18 de diciembre, sus tres hijos y su mujer abandonan Vilagarcía, sin hacer demasiado ruido, para seguirle hasta Francia. Rosina tiene 19 años y Francisco 11. Ambos deben utilizar un pasaporte inglés falso para embarcar. Su madre y su hermana María Victoria, de 14 años, comparten con ellos el transporte. Pero poco más. Las dos viajan bajo la opaca etiqueta de la emigración, y apenas pueden comunicarse ante el temor a ser descubiertos. No es así, y la familia logra reunirse en Marsella el día de Navidad. Empieza el exilio. Tres años en Francia, y rumbo al destino definitivo: Argentina. Justo en el momento en que la Segunda Guerra Mundial rasga el telón de una Europa patas arriba. La obsesión permanente El matrimonio Villaverde ya no regresaría. Rosina y María Victoria sí, para instalarse en Vilagarcía y en Madrid. Francisco, en cambio, ni siquiera se lo plantea. «¿Volver? -se pregunta con la entonación irónica de lo imposible- ¿mi mujer, mis hijos, mis cuatro nietos? ¿qué sentido tendría?». El exilio. «Es una obsesión, un vacío que no se borra nunca». Pero, con su reflexión, Francisco no quiere inducir a románticos equívocos. «No un sentimiento de morriña, no es eso. Sucede que a uno le han amputado un pedazo de su vida, para colmo en uno de los momentos más importantes». No hay, sin embargo, dudas o reproches para los suyos. La semilla de Elpidio sigue ahí.