Elpidio Villaverde nace en Vilagarcía en 1887. De ideas socialistas y galleguistas -militó en las Irmandades da Fala y en la Organización Republicana Galega- accedió a la alcaldía en 1931, tras la proclamación de la Segunda República. Mantuvo su mandato hasta 1936 con una sola excepción: el bieno negro, 1934-36, que coincide con el acceso de la derecha al poder. Entonces es perseguido y encarcelado. «Lo cierto es que siempre somos nosotros los que cedemos», argumenta Francisco. Y recuerda, con Rosina, una escena de los buenos tiempos: «Un grupo quiso quemar una iglesia, pero él se interpuso y les convenció: `La iglesia no es del cura, sino del pueblo, es propiedad de todos nosotros ''». Deja la alcaldía en 1936, al ganar un acta de diputado por el Frente Popular. Apenas hay tiempo para nada. Los militares golpistas se levantan en julio contra la República. Elpidio se esconde en la ría a bordo de una pequeña embarcación juntoa a otros 19 hombres hasta que un pesquero los recoge y traslada al puerto de Leixoes. Allí son malamente instalados en un asilo de mendigos. La intervención del embajador en Portugal, Claudio Sánchez Albornoz, posibilita el viaje de su familia a Francia. Pero tampoco hay descanso. La Segunda Guerra Mundial estalla en septiembre de 1942. En octubre, los Villaverde embarcan en el buque Masilia, a pesar de la dificultad para conseguir pasajes. Muchos europeos, sobre todo judíos, huyen ante lo que se avecina. Elpidio continúa su actividad en Argentina, donde la muerte se lo lleva en 1962. Por cierto, su figura sigue pendiente de un homenaje en Vilagarcía.