El eterno problema de «Esperanza-Salnés» y de este tipo de centros es la falta de dinero. Las subvenciones que llegan de la administración y entidades privadas no son suficientes para afrontar nuevos proyectos y, a veces, ni siquiera para sostener los servicios mínimos. En esta asociación piden, sobre todo, un mayor apoyo económico por parte de la Xunta. Argumentan que, aunque son entidades privadas, están haciendo un servicio público de gran importancia a la sociedad y cubriendo las carencias que presenta el sistema asistencial. «Nosotros ofrecemos servicios a precios mucho más baratos que los gabinetes privados y de este modo pueden recibir atención niños que de otro modo no podrían hacerlo», según explica Augusto Chaves, el gestor de la asociación. La asociación Esperanza está abierta a participar en todo tipo de convenios de colaboración e incluso a pasar a ser un centro tutelado, lo que le garantizaría una línea de financiación de la que ahora carece. Su carácter privado le supone muchos inconvenientes a la hora de recibir ayudas, pues se plantean problemas tipo burocrático y competencial. Compentecias Así se puso de manifiesto estos días con motivo de la polémica surgida por la supresión del transporte. Tanto Educación, Sanidade como Asuntos Sociais indicaron no tener competencias al respecto, aunque ésta última consellería sí anunció que realizará un estudio sobre la situación. Así las cosas, los servicios que precisa la asociación son cubiertos, en la medida de lo posible, por los concellos a través de la mancomunidad. Entidades como Protección Civil también están colaborando aunque, a veces, el servicio no resulta todo lo eficaz que debiera por problemas internos que surgen en las agrupaciones, tal y como se puso en evidencia estos días.