Un estrecho marcaje

La Voz

AROUSA

S. BARRAL/S. GONZÁLEZ PERFILES

10 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Pedro Soler Bordoy llegó a Pontevedra en agosto de 1998, y muy pronto los trabajadores del CHOP le pusieron mote: «Oso Yogui». Isleño de Felanitx (Baleares) y licenciado en Medicina por la Universidad de Santiago, venía avalado como un gestor competente: director de Atención Primaria en Mallorca, subdirector médico de un hospital de Burgos, director médico del Juan Canalejo (A Coruña) y gerente del Complejo Hospitalario Cristal-Piñor de Ourense. Llegó con ánimos de renovar una institución centenaria -el Hospital Provincial- y llevar a cabo la unifiación con Montecelo, y su primer anuncio, realizado el mismo día en que tomó posesión, iba por ese camino: «Los padres que lo soliciten podrán asistir al parto en los hospitales pontevedreses». Toda una declaración de intenciones. Sin embargo, el ánimo modernizador pronto se topó de bruces con unos sindicato que le sometieron a un estrecho marcaje. Por ejemplo, reformó el viejo despacho de direción del Provincial, y le acusaron de haber gastado una porrada de millones en su decoración -luego, a la vista del resultado, no se veía ese derroche por ningún lado-. Tres años y medio después, abandona Pontevedra para irse cerca, a Vilagarcía. Su sustitución parece un éxito de los sindicatos «más guerreros de toda la sanidad gallega» -como no se cansa de repetir el propio Soler, y alguna vez ha dicho también el conselleiro Cochón-.