El Puerto utilizó explosivos en un dragado situado a doscientos metros de Ferrazo

La Voz

AROUSA

MARTINA MISER

La operación, desarrollada esta semana, estuvo controlada por la Guardia Civil y una empresa especializada Se trata, al parecer, de una operación bastante habitual en el desarrollo de obras portuarias. El Puerto de Vilagarcía realiza actualmente un dragado para cimentar la segunda fase del muelle de Comboa. Los trabajos toparon con una roca y fue preciso deshacerse de ella. El método al que comúnmente se recurre en estos casos es la instalación de cargas explosivas. Y, efectivamente, así se hizo esta semana. Hasta aquí todo normal. El punto sobresaliente del episodio es que esta zona se encuentra a unos doscientos metros de un lugar especialmente sensible: el parque de hidrocarburos de Ferrazo. La actuación contó, eso sí, con las medidas de seguridad correspondientes, y estuvo controlada en todo momento por la Guardia Civil y una empresa especializada.

07 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

SERXIO GONZÁLEZ VILAGARCÍA Fuentes de la Guardia Civil confirmaron ayer que un equipo especializado en explosivos acudió en dos ocasiones esta semana a Vilagarcía. La primera de ellas fue el lunes. La segunda, dos días más tarde. Su misión era controlar la utilización de explosivos para la ruptura de una roca que se hallaba sobre el lecho marino, justo en el punto en el que se construye la segunda fase del muelle de Comboa. El elemento se interponía en el desarrollo de los trabajos, impidiendo la correcta cimentación de los cajones que constituyen la base de la nueva estructura portuaria. La solución adoptada fue, como en muchos otros casos, la instalación de cargas para quebrar el pétreo obstáculo. El episodio no tendría mayor trascendencia, de no ser por la cercanía de los depósitos de combustible de Ferrazo a la zona de operaciones. El parque de hidrocarburos, y con él el riesgo, se encuentra a unos doscientos metros de Comboa. Pequeñas cargas En cualquier caso, la Autoridad Portuaria extremó las medidas de seguridad preceptivas en este tipo de situaciones. Al control realizado por la Guardia Civil se unió el de los técnicos de la compañía especializada que llevó a cabo las detonaciones. Unas detonaciones que, por cierto, no llegaron a apreciarse en la superficie. Por otra parte, el método empleado no fue el de una voladura al estilo de las que se producen en las canteras. Al parecer, la operación consistió en la colocación de pequeñas cargas en distintos puntos de la roca, que se encontraba a unos ocho metros de profundidad. El objetivo que se perseguía era la fragmentación de las aristas que ofrecía el elemento. De este modo se facilitó la posterior labor de los martillos hidráulicos, encargados de eliminar completamente el obstáculo. Una vez habilitado el lecho marino, se instalarán los cajones para dar lugar a un muelle de once metros de calado y doscientos metros de longitud.