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La Voz

AROUSA

Rosendo se llevó al público vilagarciano de calle con un rock sencillo y sin parafernalias

20 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

REDACCIÓN VILAGARCÍA Corren tiempos de tecnología punta, de remezclas y ritmos machacones de lata y conserva. Hay quien piensa que en semejante panorama no queda sitio para una simple guitarra, un bajo y una batería. Todos estos adalides de la nueva era sufrieron el pasado sábado un golpe directo a la encía. ¿El encargado de propinarlo? Rosendo. El de Carabanchel saltó al escenario de A Xunqueira como si las 47 primaveras que acumula a sus espaldas no fuesen más que una anécdota. Lo hizo, además, con puntualidad inglesa. A las once. Ni un minuto arriba ni un minuto abajo. A estas alturas, el público sabe perfectamente lo que puede esperar de Rosendo. Y él conoce su oficio con los ojos cerrados. El resultado fue una comunión inmediata, desde el primer tema a los dos bises que pusieron la guinda al concierto. Un escenario amplio para moverse a gusto, la iluminación justa para dar ambiente al bolo, y sobre todo muchas ganas, se mezclaron en la coctelera preparada por quien ya es un clásico del rock español. Sin parafernalias, huyendo del adorno fácil, Rosendo ofreció hora y media de buena música. Por lo demás, hubo un poco de todo. Un recuerdo para Leño, de la mano de uno de sus temas míticos: Cucarachas. Un repaso a su nuevo trabajo, Canciones para normales. Y una larga lista de sus clásicos en solitario, que cuajaron en los mejores momentos de la actuación: Pan de higo, Agradecido, Loco por incordiar, Flojos de pantalón o Navegando a muerte fueron coreados sin descanso. El sonido, nítido y contundente al aire libre, contribuyó a poner las cosas en su sitio.