El maratón de Xosé Cuiña finalizó en el Concello hacia el mediodía. Dos años después de la espantada del pregón, el conselleiro entró en salón de plenos para recibir el título de hijo adoptivo de la ciudad. Allí se encontraban cinco militantes de Xuventudes Comunistas y Esquerda Unida, que mostraron su rechazo a la decisión del gobierno local con pancartas y algún que otro silbato. Ya en la sala corporativa, varias ausencias que destacar. En primer lugar la de los concejales del BNG, única formación que en todo momento se opuso a la designación del titular de Política Territorial y Obras Públicas. En segundo lugar, los sillones vacíos que correspondían a los tres ediles de Independientes por Vilagarcía. Rivera y los suyos se ausentaron de la sesión, a pesar de que en la comisión informativa correspondiente votaron a favor. Sea como fuere, el nombramiento se sustentó con la presencia del conjunto de las autoridades locales, la familia de Cuiña -su madre, su esposa, uno de sus hermanos y su hijo- y los grupos socialista y popular. El conselleiro, emocionado, recordó su etapa como estudiante en Vilagarcía y se comprometió a hacerse acreedor a un título que, dijo, excede sus merecimientos.