Investigan a un pontevedrés por causar quemaduras a mujeres Un Juzgado investiga desde hace más de medio año los «juegos sexuales» de un pontevedrés que aparentemente disfruta marcando con el mechero de su coche, o con otro objeto similar, a mujeres a las que paga por sus servicios. Todo para llegar al orgasmo. Si James Dean, aficionado a buscar placer apagando cigarrillos en su cuerpo, levantara la cabeza, podría hacer buenas migas con este vecino.
10 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Las andanzas de este sujeto, natural de Asturias pero residente desde hace bastante tiempo en la comarca de Pontevedra, hubieran pasado desapercibidas si estas pasadas Navidades, según indicaron distintas fuentes judiciales, una de las profesionales a las que supuestamente recurrió para saciar su apetito no lo hubiera denunciado por una presunta agresión sexual. El relato de los hechos de las personas consultadas recoge como una noche, el asturiano, al igual que hizo en otras ocasiones anteriores, acudió a uno de los muchos clubes de alterne de la comarca y llegó a un acuerdo económico con una joven. Ambos se dirigieron en el coche del denunciado hasta una calle del centro urbano de la capital. Cuando mantenían relaciones, éste habría intentado marcarla con fuego. La mujer se asustó. Horas después, la profesional interpuso una denuncia por agresión sexual en el Juzgado de Instrucción número cinco. En las dependencias judiciale prestaron declaración a la joven y al hombre, quien en todo momento mantuvo que pagó por practicar su afición. La testificación de no menos de seis prostitutas confirmó su versión. Estos testimonios ayudaron, según indicaron fuentes próximas a la investigación, a determinar que las aventuras sexuales de este individuo comenzaron en su propia comunidad autónoma, pero con el cambio de residencia se extendieron a Pontevedra y Vilagarcía. El Juzgado finalmente desestimó la existencia de una agresión sexual, pero decidió trasladar la causa al de Instrucción número uno. El motivo: la posible existencia de un delito consentido de lesiones. El Código Penal, en su artículo 155, sostiene que, aunque exista consentimiento expreso de la víctima, las lesiones no dejan de constituir un delito. La legislación establece que la pena, que dependerá del alcance de los daños y de si estos son o no con deformidad, deberá reducirse por el citado consentimiento.