NACHORTAS
09 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Tras cumplir un mes en San Simón, Rogelio y varios de sus compañeros fueron sometidos a juicio en Pontevedra. Con una defensa de sainete, la sentencia estaba cantada: 31 años y 1 día de reclusión. ¿Los cargos? «Requisó pan y leche, quitándoselos de las manos a un menor, amenazas con pistola a personas de orden, destacándose en actos de sabotaje en la carretera de Vilagarcía a Cambados, ya que quería traer a España los restos de Moscú». La enfermiza imaginación del Régimen no daba para más. Rogelio volvió a San Simón. Pocos retazos bastan para dibujar el ambiente que se vivía en el antiguo lazareto: «Tenían un camión pequeño al que se le puso el nombre de raposa; cuando por las noches se oía su motor, en él metían al azar a varios presos para fusilarlos... El terror se apoderaba de nosotros cuando, más allá de la media noche, oíamos ese motor». Pero Rogelio no murió en San Simón. Desde la pequeña isla fue trasladado al penal de San Cristobal, en Pamplona. Allí protagonizó, junto a 796 compañeros, la que posiblemente sea la fuga más importante de la historia carcelaria de España. Sin embargo, casi todos ellos fueron capturados, y muchos abatidos a tiros. Hacia 1940 fue puesto en libertad. Años más tarde, decidió seguir la senda del exilio hasta México.