Las instalaciones de Kaldarte y un apretado programa de conciertos hacen de Caldas un hervidero cultural Las obras de arte están para tocarlas. Esta afirmación -que en un museo convencional sería impensable- toma forma en las instalaciones que desde el pasado sábado pueblan Caldas de Reis. Los responsables de esta exposición al aire libre son los alumnos de Belas Artes de Pontevedra, que ya han hecho del Festival Cultura Quente un lugar de encuentro habitual para sus trabajos. No buscan transmitir ideas complicadas, sino acercarse lo máximo posible al espectador. El viernes y el sábado, el turno es para la música. Killer Barbies y Sex Museum serán algunos de los grupos que actúen en la Carballeira de Caldas. La entrada, como todos los años, será gratuita.
03 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.EVA OROSA VILAGARCÍA Acampada gratuita y un maratón de conciertos es la oferta de Cultura Quente para los aficionados a la música. La cita empieza el viernes, a partir de las diez de la noche. Killer Barbies, Strawberry grass, A Kahnoh, Karboh 14 y Revelbeat harán subir los decibelios en la carballeira de Caldas. El sábado, puntuales y a la misma hora, serán Australian Blonde, Sex Museum, The Dismal, Deluxe y Súper Skuhk los que muevan los ánimos de los que se acerquen al festival. La exposición Kaldarte, sin un tema concreto, no tiene hora de cierre. Además sus obras podrán verse de manera indefinida, mientras se mantengan en pie, ya que son totalmente reciclables. Lectura fácil y conexión con el público son las únicas máximas que cumplen las obras, que son de lo más variado, según su coordinador, Juanjo Fuentes. Los más miedosos, los que todavía se despiertan por las noches asustados por los fantasmas, podrán ver con satisfacción como los pájaros se comen al monstruo hecho con pan que escala los árboles del parque de las Palmeras. Un David y Goliat representados por dos edificios -de dos y cuatro metros de altura, respectivamente- se hunden en el río Umia, frente a frente. En este caso, la naturaleza demuestra que es superior a todos los esfuerzos urbanísticos. Otro de los descubrimientos que pueden hacer los que visiten estos días Caldas es que los caminos de baldosas amarillas no están sólo en los cuentos de hadas. La calle Real de Caldas tiene uno, sin principio ni fin, que le ha valido, en los últimos días, el nombre de «calle irreal». El punto final lo pone un cubo negro gigante -de tres metros y medio de lado- en medio de la calle Real. La idea es dar color a la plaza y demostrar que una zona irregular puede resumirse en un simple cuadrado.