El desequilibrio de los universitarios

La Voz

AROUSA

VITOR MEJUTO

Conocerse, gobernarse y vencer es la máxima por la que se rigen 50 estudiantes que aprenden piragüismo en A Illa ¡Qué mejores vacaciones después de los exámenes que cinco días en Arousa aprendiendo a manejar una piragua!. Esto es la conclusión a la que han llegado 50 universitarios que durante esta semana se reunen en el Club de Piragüismo de A Illa para escuchar, aprender y convivir con el deporte como aliciente. Un poco de teoría y mucha práctica, impartida por sus pacientes monitores, tendrá como resultado el «perfecto» manejo de la piragua y sus variantes a final de semana. Aunque no fuese así, la experiencia les habrá permitido pasarse una semana en la playa y les habrá valido para conocerse un poco más, y si no pierden la paciencia, para ser más perseverantes.

03 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

L. SEIJO VILAGARCÍA Nueve de la mañana, tras la curva, por la carretera, aparecen unos cuantos jóvenes soñolientos con ropa de deporte. Van a reunirse con el resto de sus compañeros en el club. Pasada la primera noche en el camping han caminado 20 minutos para llegar a la clase. Cincuenta universitarios en bermudas, chancletas y gafas de sol están dispuestos a ganarse sus dos créditos de libre configuración. En una sala, rodeados por el material de deporte, fuerzan su concentración vespertina y fijan su mirada en el monitor donde acérrimos piragüistas saltan cascadas perdiendo el equilibrio. Como nunca han montado en piragua no saben como asumir tanta peripecia. Es hora de que la práctica ponga a cada uno en su lugar. La piragua es un poco más pesada de lo que imaginaban, pero no olvidan los ejercicios de calentamiento. Ya es hora de meterse en el agua. Ni dos segundos han tardado en dar con la cara en la arena. Menos mal que aún están en la orilla y pueden volver a levantarse. Cinco segundos y al agua otra vez, lo peor es que hay que volver a vaciar las piraguas que se inundan en un instante. Los más cautos permanecen en la orilla, pero un joven audaz se alejar dos metros, se tambalea y sucede lo inevitable: piragua boca abajo. Dada la imposibilidad de voltearla surge el ingenio, empujarla desde la parte de atrás moviendo los pies. Cuando ya empieza a escocer la piel por el roce de la piragua la clase termina. Tienen toda la tarde para conocer la zona, eso si les quedan fuerzas.