El Concello pretende convertir el «acuario» en el principal centro de información turística de Arousa Las grandes atracciones nacen siempre a través de la vista o de lo que uno se imagina con ella. Cuidar el aspecto visual adquiere, por ello, un valor esencial a la hora de vender un producto. Mucho más si ese producto se trata de algo tan plástico y sensitivo como los tesoros de una geografía. Partiendo de esta obviedad, el Concello de Vilagarcía ha planificado un tentador envoltorio de arquitectura, paisaje e información en forma de centro de atención al visitante. Un proyecto a medio plazo asentado sobre el tanto tiempo abandonado «acuario» de A Compostela. Allí, la información multimedia orientará al turista mientras la panorámica de la ría lo conquista. Un año y profundas reformas harán el milagro.
18 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.REDACCIÓN VILAGARCÍA Quince años llevaban los vilagarcianos preguntándose el motivo de mantener en pie el acuario proyectado en su día por César Portela, convertido sin vida ni destino en un gran bloque de hormigón a pie de playa. Lo que parecía abocado a convertirse para siempre en una de las vergüenzas arquitectónicas de la villa dará en poco más de un año un vuelco de 180 grados para transformarse en la joya de la corona municipal con la que en principio se soñaba desde el Concello. La vida marina dejará paso a la vida turista para lograr tal transmutación, en la que el acuario dejará paso a un centro de atención al visitante. José Luis Marchetto, el arquitecto autor del proyecto de remodelación, hizo ayer una abstracción mental a pie de obra para dibujar ante el alcalde, Javier Gago, y la prensa, el que el Concello espera sea el principal centro de información turística de la ría. Lo hizo ante el cascarón que, tras tres meses de trabajo, continúa siendo el antiguo proyecto de acuario, en el que los obreros se han aplicado para reforzar e impermeabilizar una estructura deteriorada por el paso del tiempo y el abandono, sobre todo en sus pilares. La abstracción funcionó, y a nadie le resultó difícil imaginar una entrada con dos mostradores desde el paseo marítimo, con espacio para souvenirs incluido. Equipamiento estándar que dejará paso a escasos metros a una sala central con grandes peceras y expositores de productos típicos de la ría con los que se ilustrará a un visitante que podrá informarse de todo lo referente a la localidad a través de una gran maqueta y dos ordenadores en sus flancos. El espacio no es demasiado grande, pero la iluminación, con grandes ventales al fondo, convertirá la parte posterior en un inmejorable mirador en el que el turista podrá aventurar las oportunidades que le ofrece la ría mientras degusta los manjares típicos nacidos de sus tierras y aguas.