TRIBUNA PÚBLICA
05 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El pasado martes, mi amigo y colega Alonso de la Torre publicó un "Café con gotas" en el que ponía en solfa la "oportunidad" de la visita de los ingleses y calificaba de "milonga" la relación de Vilagarcía e Inglaterra, "un hecho esporádico sin consecuencias". El contrapunto serían Oporto, "por sus relaciones históricas con aquel país" y A Coruña, también por "sus lazos históricos". Ya lo dijo el sabio Van Gaal: "Siempre negatifo, nunca positifo". Y como me consta que Alonso no es el único que así piensa, me gustaría -antes de que esta fiebre latosa se extienda- aclarar algunos conceptos, ya que de lazos, historia y comercio se trata. Bibliografía y memoria colectiva hay suficientes como para saber que el puerto de Carril fue uno de los primeros de Galicia en ser habilitado para el comercio exterior ("sólo" desde 1512) y que desde entonces Inglaterra fue, precisamente, uno de los lugares de origen o destino de sus mercancías. Aún a mediados del siglo XIX, Madoz escribía de Carril: "Igualmente, hay gran actividad mercantil con varios puertos de Inglaterra...". A finales de ese mismo siglo, en Carril tenían oficinas propias compañías de nombres tan enxebres como "Pacific Steam Navigation", "Royal Mail Steam Packet Company" o "Mala Real Inglesa". Existía, asimismo, un vice-consulado británico, y uno de sus titulares, Ricardo Urioste, fue nombrado cónsul general en A Coruña. Carril era escala de las líneas Liverpool-Barcelona, Lisboa-Londres y Liverpool-Pacífico, y contaba con una línea propia, Cardiff-Carril, a través de la que se abastecía de carbón a la fundición de Alemparte y a un ferrocarril, el primero de Galicia, de nombre tan galaico como The West Galicia Railwail Company. En fin, que tan pocos eran los lazos, tan esporádicas sus consecuencias, que el mismísimo Duque de Edimburgo visitó ex profeso Carril en 1882. Podría decirse que vale, que eso fue en Carril, pero que luego, con el trasvase de poderes a Vilagarcía, la cosa se fue al garete. Pues no. Hasta la Guerra Civil, el comercio Vilagarcía-Inglaterra -especialmente de puntales de pino para las minas de carbón- sólo supuso ¡el 95%! de las exportaciones de nuestro puerto. Podría decirse que vale, que eso es pasado, pero el presente... Pues vayamos al presente: digo yo que "algo habrá quedado" más que un cementerio o un partido de fútbol, cuando el libro oficial de la Royal Navy contiene referencias escritas y gráficas a la Arosa Bay o cuando el agregado militar de la Embajada de Madrid se desplaza a Vilagarcía para conocer las tierras de las que tanto ha oído hablar y para apoyar con su presencia el posible hermanamiento de Vilagarcía con una ciudad inglesa, con lo que ello puede suponer de intercambios escolares, comerciales o turísticos. Porque, efectivamente, "los tiempos ya no son los mismos" mejor será eso que aquello que contaba Núñez Búa en Revoeira, cuando se cursaban telegramas del siguiente tenor: "Urge mandes niñas tengan busto grande. No importa el estado sanitario. Son para ingleses". Por último, el asunto de la desinfección. Y esto sí que no admite bromas. Creo que tan injusto es "recibir mal" a los marinos ingleses por ser ¿culpables? de la fiebre aftosa o las vacas locas, como que a mi, estando de viaje, me registren el coche por el mero hecho de ser de Vilagarcía (que ya me ha ocurrido). Afortunadamente, ni todos los ingleses se llaman Tony ni todos los vilagarcianos Laureano. Por ahora, nada más. Pensaba concluir con aquello de God Save The King, pero es que desde la faena de Cortegada...Manuel Villaronga. Vilagarcía.