El naufragio del dislate urbanístico

La Voz

AROUSA

El Concello de Vilagarcía iniciará los trámites para la demolición del Lara ante el silencio de sus propietarios Las campanadas de medianoche del próximo día 31 marcarán, para Vilagarcía, algo más que el inicio de un nuevo año, un nuevo siglo y un nuevo milenio. Cada una de ellas constituirá una sentencia para el edificio Lara, el ejemplo por excelencia del dislate urbanístico en el municipio arousano. Hace seis meses, el Concello dio a sus propietarios un plazo prudencial para alcanzar un acuerdo e intentar rematar las doce inacabadas plantas que lucen en la plaza de Galicia desde hace un cuarto de siglo. Pero el silencio impera y, si un milagro no lo remedia, el Ayuntamiento iniciará el expediente de caducidad de licencia.

08 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

REDACCIÓN VILAGARCÍA Hace algo más de un año, en octubre de 1999, el Concello de Vilagarcía decidió coger el toro por los cuernos y abordar de una vez por todas el vergonzoso espectáculo urbanístico que se despliega en la plaza de Galicia: el esperpéntico edificio Lara, que se levanta inacabado en el centro de la ciudad desde hace 26 años. El mensaje era claro. El Ayuntamiento realizaría las últimas gestiones para contactar con sus propietarios e instarles a alcanzar un acuerdo para rematar la edificación. Pero, de no ser así, su actuación sería inflexible: inicio de un expediente de caducidad de la licencia para, a la postre, demoler las seis alturas que vulneran todas y cada una de las normativas urbanísticas de las que se ha dotado el concello a lo largo de las últimas dos décadas. La misión no era fácil, dada la complicada situación de la propiedad, compuesta por una confusa amalgama de particulares, empresas y entidades financieras. Sin embargo, el alcalde, Javier Gago, logró reunir en junio de este año a la mayor parte de los titulares. La sesión supuso el primer encuentro de los propietarios. Pero también el principio del fin para el edificio Lara. Gago López puso una fecha tope para el comienzo de las obras: el 31 de diciembre del 2000. Buenas palabras y mejores intenciones cerraron la reunión. Pero, por lo demás, nada de nada. El silencio sigue siendo marca de la casa, y en las oficinas municipales no se ha presentado proyecto alguno. Así las cosas, las cartas parecen definitivamente echadas. Una vez sobrepasado el plazo, el gobierno local iniciará el expediente de caducidad, que podría concluir incluso con el derribo completo de todo un símbolo del desarrollismo patán.