EL PALOMAR
02 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.EL CINE, ya se sabe, es cosa del otro lado del charco. Acostumbrado a recibir machaconamente mensajes patrióticos a través del celuloide y de las 365 líneas televisivas, el personal entiende que esto del Halloween es cosa de yankees. Las calabazas iluminadas huelen a hamburguesa, y los disfraces tienen un aire de divertimento beisbolero muy del gusto de Arkansas. Se olvida, así, que aquí se suele celebrar el Día de Difuntos, que se trata de una tradición céltica y que en no muy lejanas épocas también por estos lares, y de forma espontánea, los chavales salían a los caminos al caer la noche para hacer de las suyas. DE SEMEJANTES PRÁCTICAS hay testimonios recogidos en varios puntos de O Salnés, entre ellos Cambados. Y, bastante más hacia el norte, en lugares como Cedeira. Dicen los que saben que los pequeños de la casa se echaban a las encrucijadas disfrazados, con sus calabazas huecas y engalanadas con una vela. ¿Para qué? para asustar a los atrevidos que se atrevían a andar por ahí en noche tan aciaga. Vestidos de tal guisa, no era extraño que desde las casas les cayesen algunos que otros dulces a los fantasmas improvisados. Y CATOIRA ES, desde hace tres años, el punto de referencia de la noche de Difuntos en la comarca. Con cierto retraso (ayer, para más señas), los alumnos del colegio público Progreso protagonizaron una horripilante procesión de calaveras y danzas macabras. Con la colaboración del comercio local _que apagó sus luces al paso de la comitiva_ los fantasmas catoirenses dieron más de un susto a sus vecinos. Y, si alguna ganancia cayó en el saco, ésta fue destinada directamente a la excursión de final de curso de 4º de ESO. ASÍ QUE YA PUEDEN olvidarse de largas sagas fílmicas protagonizadas por asesinos enmascarados, y de muñecos endemoniados. El mejor Halloween está aquí, en casa. Y, para acompañarlo, nada de hamburguesas y perritos. Los mejores compañeros de las calabazas son las castañas y el cocido.