Algo se muere en la barra...

La Voz

AROUSA

Después de trece años abriendo sus puertas todos los fines de semana, el Seta 29 se despide a lo grande Para quienes han crecido con el Seta 29 como punto de encuentro, sólo les restan dos fines de semana para poder despedirse en condiciones. Un bloque de pisos sustituirá a un local de copas que ha sobrevivido a la voluble actitud de los vilagarcianos, que ha sabido mantener una clientela fija y satisfecha durante trece años y que se ha convertido en un icono de la marcha de la localidad. Cerrará sus puertas definitivamente el próximo 30 de septiembre, pero antes, un merecido homenaje a sus incondicionales. Para estas dos semanas se han organizado dos conciertos y una gran fiesta para dejar a los amigos con buen sabor de boca.

19 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

REDACCIÓN VILAGARCÍA Más de una década de sirviendo copas, poniendo música y abriendo el bar todos los fines de semana. Roberto Louzán, dueño del local junto a Ángel Canto, ha sido el encargado de mantener a flote un negocio que ha sobrevivido a los continuos cambios de la marcha vilagarciana. El Seta 29 es el local más antiguo de la calle de O Castro, ha visto como muchos de los bares que se abrieron en la zona peatonal cerraban al poco tiempo, el Seta se mantuvo con una clientela constante y heterogénea. El local fue creado a imagen y semejanza de sus dueños. Roberto comenzaba su primer año de carrera en Santiago y decidió abrir un pub en el bajo de sus padres para ganarse un dinero. El Seta comenzó siendo un bar de amigos y así continuó. Este es el secreto de su éxito y este es el motivo de que su cierre definitivo suponga, para muchos clientes, una gran pérdida. Roberto siente una prematura nostalgia del lugar donde ha pasado gran parte de su juventud. Mira el calendario que tiene en el bar y no puede creerse que el tiempo haya pasado tan rápido. «Abrí el bar con diecisiete años y tengo ya treinta, mi juventud está totalmente vinculada al bar», afirma Roberto. A la mayor parte de sus amigos los ha conocido aquí y cree que a muchos de sus clientes les ha pasado lo mismo. Se rumorea que este veterano camarero montará otro bar, algunos le han buscado ya locales. Pero Roberto pretende descansar una temporada, su madre insiste, «tienes que sentar la cabeza y hacerte un hombre de provecho». El Seta 29 marcó una época, un bar tranquilo, con terraza para el verano, donde tomarse una copa, charlar y escuchar música. Ambiente acogedor, punto de encuentro y buena gente, que ha sabido hacerse un hueco en la historia de la juventud arousana.